Una espina del cactus

Estos días se nos ha expuesto con ganas a imágenes del Muro de Berlín aquella noche en que dejó de ser barrera para convertirse en pedestal al que se subían los berlineses de uno y otro lado. Reunidos por fin.

El Muro, por tangible y por gráfico, se convirtió en el símbolo de la frontera entre dos mundos. Quien conoció la Europa de entonces y conoce la de hoy sabe lo que valía esa frontera. Conocí el Muro cuando viajé a Berlín por primera vez, a los catorce años. Y lo vi unas cuantas veces después, percibiéndolo cada vez con mayor claridad, y ansiedad, como el valladar que nos separaba de otro mundo, de la vida «normal». Una pared, que como aquella Wall de Pink Floyd ―otra referencia ineludible de aquellos años―, se alzaba entre la libertad y la opresión.

He preferido siempre, sin embargo, la extraordinaria expresión «Telón de Acero» para nombrar la frontera que separaba a los libres de los cautivos. Y la idea que subyace a esa noción. Todavía en Rusia pude ver alguna vez esos artefactos que se descuelgan en los teatros sobre el proscenio para cortar el fuego desatado por casualidad en el escenario y permitir la evacuación del público, ponerlo a salvo, hacer que la gente regresara indemne a la calle. Sanos y salvos, caído el «Telón de Acero», abandonaban el teatro y volvían a la vida normal. Definitivamente, «Telón de Acero» y su origen teatral servían mejor para describir lo que esperaba a quienes asistían desde las lunetas al espectáculo del «socialismo real». ¡Que vaya espectáculo!

La expresión «Telón de Acero», más dúctiles las palabras que el hormigón del Muro de Berlín, se transformó en Bamboo Curtain para nombrar la cerrazón de China y en Tortilla Curtain, con escasa suerte, para marcar la división entre México y los EE.UU.

También a Cuba nos rozó, por cierto, con aquel más bien torpón «Telón de Cactus», Cactus Curtain, una denominación que corrió por las rotativas en 1961 cuando el régimen de Fidel Castro sembró precisamente de cactus cierto segmento del perímetro que rodea la Base Naval de Guantánamo para impedir que los cubanos huyeran del paraíso revolucionario. Pronto cayó en el olvido cuando delante de los cactus fue plantado un campo de minas. Además: ¿a qué inventarle Firewall a isla rodeada de agua?

Llevo algo más de 25 años viviendo en Europa y viajando por ella, con breve intervalo en mi país, Cuba. Desde hace una década llevo en el bolsillo un pasaporte de la Unión Europea. Así, hoy me he felicitado de que este continente levantara hace 20 años el Telón de Acero que bajó Joseph Stalin, tramoyista siniestro. Pero no olvidé, celebrando y admirando a los valientes que echaron abajo el Muro de Berlín, arrancarme del brazo una espinita del cactus. Continúan lacerando.

10/11/2009 12:50

 

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