Guantánamo forever

Leo que una saudí pide el divorcio a su marido al descubrir que la llamaba en secreto «Guantanamo». Lo supo cuando telefoneó al móvil que este se había dejado en casa. Y sí, la señora aparecía registrada allí no por su nombre, que desconozco, sino por el topónimo Guantánamo. Ella supone que con ello su marido la tildaba de tiránica, despótica y cruel. De pronto, como si de círculo que se cierra se tratara, la guantanamera que respondió con un desplante al músico que la piropeaba y que está en el origen de la canción más universalmente célebre salida de Cuba se da la mano, siglo más tarde, con la acomplejada musulmana de Jedah. Antes el piropo fue acompañado por un tres; ahora, la «guantanamera» remisa se rebota por culpa de tonadilla digital salida de un Blackberry. La «rumba musulmana» que cantaba Rita Montaner, se me ocurre, habría sido apropiado tono.

Extraordinaria la suerte que ha corrido la voz Guantánamo. Iván de la Nuez rastreaba en artículo del pasado enero sus múltiples avatares, que encontraron apoteosis a partir de la retención en la Base Naval de los «combatientes» traídos desde los multiplicados reinos del –tán.

La permanencia de la Base cobrará aún mayor resonancia ante un eventual levantamiento del embargo. Entonces, ya lo anuncian los discursos de la isla, se convertirá en el nuevo pero.

Decaída La Habana, devaluada la palabra «Cuba», Guantánamo podría ser nuestro nombre definitivo, nuestro destino, a medias entre la guitarrita folclórica, el encierro perpetuo y la bulla de los celulares.

19/10/2009 0:15

 

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