Chapucería y Schadenfreude

Por trece veces cuento la palabra chapucería o derivadas en el artículo que publica hoy Granma. «Tosquedad, imperfección en cualquier artefacto», define el DRAE.

Pero, ¿es «chapucero» el artefacto llamado revolución cubana? ¿Es imperfecto y, entonces, perfectible? ¡¡¡Otra vez nos van a venir con el cuento de que la culpa la tiene un par de tuercas que no apretaron lo suficiente??? Cuando, por cierto, eso se les ha dado siempre la mar de bien, apretar las tuercas.

Estos tipos operan con unos modos que son cualquier cosa menos chapuceros. Gozan de una ventaja –y de veras la gozan: basta que deslicen cualquier inocuo comentario que se aparte de la habitual sonsera de la prensa cautiva para que las agencias de prensa difundan el hecho como algo significativo y los castristas, sobre todo los de ultramar, ganen una excusa para convencerse y convencer de que Cuba cambia: «¡Mira, el Granma critica las chapucerías!»

Además, cuentan con una enorme masa de población que se contenta con artículos como éste o el de José Alejandro Rodríguez en Juventud Rebelde este fin de semana, «Espejos».

Cubanos que se felicitan porque son concientes de que esos artículos provocan miedo a los cabrones que los mantienen en la miseria cotidiana: administradores, jefecitos de poca monta, la gorda de la OFICODA, el trabajador social con el pullover del Che, el gerente de la gasolinera donde le roban combustible: la vasta soldadesca del castrismo.

En realidad, de lo que disfrutan es de Schadenfreude: esa forma torcida de la alegría que consiste en gozar de la desventura de los demás, disfrutar con que se jodan los otros. Los que los humillan. La misma alegría que los inundó cuando Lage & Compañía fueron apartados del juego. Pura Schadenfreude, la que ha universalizado Nelson, en The Simpsons.

Porque los cubanos, sabedores ya de que no van a ver la prosperidad en esta vida, quieren al menos que la pobreza y la represión sean compartidas.

Una refutación adicional de la tesis del artículo de hoy en Granma. ¿Qué chapucería ni qué ocho cuartos? Hay pocos artefactos más eficaces que ese que llaman revolución. La perfección del capitalismo, decían Deleuze y Guattari en El Antiedipo, radica en su cualidad de ser una máquina capaz de extender siempre sus propios límites. El artefacto castrista, el castrismo como artefacto, es una máquina que genera odio sin cesar. Lo excreta para recubrir la isla y sus gentes, como la noche cubre los campos de rocío.

01/09/2009

 

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