Longevos a juicio

Se dicta por fin sentencia contra Josef Scheungraber. Scheungraber dio la orden de asesinar a 14 italianos en represalia por dos soldados alemanes muertos a manos de los partisanos. Fue en 1944. Hace 65 años, sesenta y cinco.

Ahora lo condenan a cadena perpetua. No sé cuánto se diferencie la vida de un anciano de 90 años en su casa o en una celda bávara, que no bárbara. Alguna restricción al paseo y a la elección del menú, sí, aunque después de nueve décadas de vida la naturaleza marcará las restricciones ella sola. Ni siquiera se lo podrá castigar con el estruendo de rejas y cerrojos, un clásico de la presión sicológica carcelaria, porque Scheungraber es sordo.

Allí en Munich comenzará en unos meses el juicio a Ivan John Demjanjuk, guardia en el campo de concentración de Sobibor, juzgado ya antes y dejado libre por culpa de tecnicismos que le sirvieron en Israel, pero quiero pensar que no en Alemania. Demjanjuk tiene 89 años. Otro sordo a presidio. Otro asesino que no pagó por sus crímenes durante 65 años.

Fidel Castro cumplirá 83 años pasado mañana. No parece probable que se lo pueda llevar ante un tribunal durante la próxima década. De hecho, con toda certeza morirá, nonagenario y vagamente feliz, sin haber respondido nunca por sus crímenes.

Es lo que tiene la longevidad cuando la acompaña la injusticia. Que ofende.

11/08/2009 16:47

 

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