Nostalgia del Mau Mau

Fabríquese un cilindro de látex de unos ciento sesenta centímetros de alto y noventa centímetros de diámetro. Ciérreselo por uno de los extremos formando una ojiva. Tésteselo para asegurar su perfecta impermeabilidad. Enrólleselo hasta formar una suerte de disco con un anillo como borde. Un condón del tamaño de un teólogo, vaya.

Búsquese a Joseph Ratzinger –pista: hoy está en Luanda. Despójeselo de las telas caras que cubren su cuerpecito de cura asesino y devuélvasele el uniforme de las Juventudes hitlerianas que llevaba antaño. (No cabe esperar resistencia de su parte: una vez se lo comience a desnudar ofrecerá la otra tetilla.)

Colóquese el disco sobre su cabeza y desenróllese hasta cubrirle todo el cuerpo. El soldadito asesino experimentará temblores y espasmos. Benedicto XVI se ahogará y acabará cayendo desplomado en el suelo.

Que nadie sienta piedad por él. Ese vejete mentecato no la siente por los millones de personas que mueren en África aquejados por el VIH. Ni la siente por el ejército de huérfanos que pululan por el continente negro, los hijos del sida que el uso de preservativos ayudaría a frenar.

Asco de tipo, fanático de la muerte.

20/03/2009 16:40


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