Paréntesis sobre el bloqueo

Un paréntesis, que Cuba tampoco es que merezca desvelo cotidiano. No me lo merece a mí, al menos.

Paréntesis, pues. Sobre el bloqueo.

Trabajo en la traducción de un libro, donde me encuentro con el episodio que sigue.

Segunda Guerra mundial. El Leningrado bloqueado por el ejército alemán. Escasa familia de madre e hijo adolescente. La mujer da a luz criatura que muere a los pocos meses de nacida. Muere de hambre y de frío. La mató el bloqueo nazi. El padre, ausente: no luchaba en el frente de batalla: estaba preso en el GULAG.

¿Conseguir ataúd para la niña? Imposible. La envuelven en unos trapos y se van al cementerio a ver cómo la entierran. (Los trámites para dar sepultura a alguien en la ciudad con los cementerios desbordados son extenuantes, pero me los ahorro aquí.)

Bien envuelta y atada, una niña, por muy hija y hermana que hubiera sido hasta un ratico antes, resultaba ahora un mero bulto. Bulto que suben al tranvía. Y llega la inspectora. «¿Han pagado por ese paquete?», pregunta. Y no han pagado. Cuesta un rublo. Lo buscan y rebuscan en los bolsillos. No lo llevan. «Bajen ese paquete de aquí», les ordena.

¿Que por qué no le dicen a la severa inspectora que el bulto es el cadáver de una niña? Muy sencillo: en el Leningrado sometido al bloqueo estaba «terminantemente prohibido» transportar cadáveres en tranvías. Se penaba hacerlo. (En el Leningrado de Stalin y bloqueado por los alemanes, valga anotarlo, casi todo estaba penado con el fusilamiento.)

Una idea pudo haber cruzado por la mente de la madre en ese instante, sugiere el autor: de haberse llevado el cadáver sin envolver, habría parecido que la niña dormía. No se le ocurrió antes.

Cuando ya la adusta inspectora iba a tirar de la alarma para detener el tranvía y dejarlos en una acera, un militar que observaba la escena, tal vez descubriendo de qué se trataba, se ofreció a abonar el rublo requerido.

Ni la madre ni el hijo reunieron el aplomo para agradecérselo. De haber abierto las bocas habrían prorrumpido en sollozos.

Así llegaron al cementerio…

No entraba la traducción de ese episodio en mi programa laboral de ayer, que terminaba justo antes.

Pero llegado a ese punto, no pude parar.

Me pareció que habría sido innoble dejarlo para este mañana que es hoy, cuando lo releo y comienzo el día con ese dolor ajeno encima.

 

De contra:

¡Mira que no me disponía a hablar de Cuba! ¡Pero no puedo evitar pensar que cuando los comecatibía de La Habana hablan del «bloqueo» deberían recordar que bloqueo, ¡bloqueo!, es otra cosa!

Es cuando no puedes, por ejemplo, llevar cadáveres en los tranvías.

 

De recontra:

Los upecistas salieron tan contentos de su congreso de amaestrados que ahora compiten: ¡Exclusiva!, proclaman en Trabajadores…

Exclusiva, oigan, ¡exclusiva!, será cuando uno de esos periódicos diga lo que hay que decir… El resto son «excusivas»…

21/08/2008 13:14


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