Elecciones, siempre elecciones

La primera ronda de las presidenciales en Francia. Tres buenas noticias. Dos: el brusco descenso de los votos del ultraderechista Front National de Jean-Marie Le Pen y los comunistas comandados por Marie-George Buffet. Tres, y en el capítulo de noticias locales: qué suerte que Cataluña y el País Vasco tengan de vecino a un país sensato. La sensatez con la que el diario El País no sabe qué hacer, como ilustra Arcadi Espada en un ejercicio de literatura (editorial) comparada.

 

Un editorial en audio. Jean-Marie Colombani, director de Le Monde, se atrevió con tal exceso hacia las diez de la noche de ayer. Para la Internet. Eso es lo mejor. Pero también lo es su reconocimiento a la maña de Sarkozy para reconducir hacia el centroderecha a votantes que antes eligieron la ultraderecha.

Para la edición de la mañana, Colombani pone por escrito lo dicho antes. Y añade un par de párrafos esperanzadores: “Le débat est très suivi hors de nos frontières. La voix de la France peut compter de nouveau. Sans doute avons-nous beaucoup tardé à nous adapter au monde nouveau. D’où la détresse d’une partie du pays. Mais la modernisation de notre»modèle» peut, si elle réussit, nous redonner une voix forte. Nos deux candidats veulent, l’un comme l’autre, marier dynamisme et solidarité, économie et social. C’est le cœur du problème français. Une France mobilisée, démocratique, prête au mouvement, aura des choses à dire d’abord à l’Europe et, à travers celle-ci, au monde.”

 

Espléndida la cobertura de la jornada electoral en Le Monde. Atisbos de buena Web 2.0. Le Figaro, en cambio, optó por estética bloguera que no supo resolver.

 

Visto lo visto, uno piensa en este aquí. En España, ay, en España, El País estaría gritando ahora que la ultraderecha vota al Partido Popular, luego, el Partido Popular es la ultraderecha.

Pero en Francia, la Royal se cuidará de gritarlo hasta que se vea irremediablemente perdida en la segunda vuelta. Ventajas de una educación sentimental que carga, siempre y como de rebote, con el peso de la educación cívica. Además, la Royal ha dicho: “Un élan civique s’est levé”. Por mucho que querrá que ese élan barra para casa, la frase vale para todos. Ahora habrá que esperar el debate del 2 de mayo en TF1. Y que el príncipe húngaro se convierta definitivamente en un Roland con algo más de suerte.

 

Entretanto, en La Habana también hay elecciones. La nación, dijo Renan, es un plebiscito cotidiano. También la vida bajo una dictadura. Hay que elegir constantemente. Se vive, pues, en perpetuas elecciones.

Ahora se compilan firmas para juzgar a Posada Carriles. Y hay que elegir entre firmar o no. Se trata de firma que los cotizantes de la UNEAC dan con gusto. Por una vez, tienen cartica que firmar con la que están de acuerdo en conciencia. Reciben la llamada de la UNEAC o el negociado de Elíades Acosta y dan su “sí”, mientras repiten, cual exculpador mantra, aquello de “pégate al agua, Felo”.

A mí no me vale esa coartada moral. Cuando se firman cartas de esta índole lo primero a lo que hay que atender es al quién las redacta y circula. He ahí al sujeto del que el contenido de la carta es mero predicado.

 

Con motivo del Día del Libro, El País urdió página web con recomendaciones. Cinco personajes eligen libros, a razón de tres por barba. María Teresa Fernández de la Vega, Carmen Calvo y un imbécil actor, junto a Fernando Savater y Jorge Garbajosa.

Savater magnífico, aunque tan mal acompañado. Sus elecciones:

1. La isla del tesoro,
de Robert Louis Stevenson

2. Los turistas del ideal,
de Ignacio Vidal Folch

3. Ese mismo libro, muy adecuada lectura para intelectuales firmantes de manifiestos.

 

Fermín Gabor, en la insuperable La Habana Elegante que ensambla en Dallas, Texas, mi querido Francisco Morán, repasa la última novela de Senel Paz, En el cielo con diamantes (Bruguera, Barcelona, 2007).

Un viaje a la bobería. Al cómo escritor que cotiza a la UNEAC y firma cuanta carta le ordenen, intenta encaramarse a la ola de la fundacional, y deliciosa, La nada cotidiana, de Zoé Valdés.

Agudo y particularmente lenguaraz esta vez, el húngaro le va a ahorrar 18.95 euros a un montón de incautos. A los que ya sabíamos que jamás nos embarcaríamos con esas tonterías, nos da, de gratis, ocasión para eso que en España llaman “echar unas risas”. Nagyon köszönöm, Gabor.

23/04/2007


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