Caleseros

En Juventud Rebelde, la calamitosa “historia real” de Rosa Miriam Elizalde, esa Stajánov del periodismo cursi, alias, militante. Salida de la “cueva de Montesinos”, Rosa Miriam, en la noche habanera, es “una mujer sola en la oscuridad”. Acaba de editar entrevista a Fina García Marruz (5123 palabras; Martí: 21), y regresa a casa con dos CUC en la cartera y “cargada de bultos”. Unos taxistas que han aprendido economía, sin trasegar a Marx o a Smith, y pereza, por osmótica relación con Paul Lafargue, se niegan a llevarla en carrera poco onerosa. “Con rabia”, Rosa Miriam saca el bolígrafo entretenido antes en despojar las palabras de García Marruz, y las de Cintio Vitier, en función de apuntador, de toda alusión obvia a la revolu, y anota las matrículas de los taxis. “Voy a publicar tu foto en la prensa”, tarareó. “¿Qué harás el domingo, Rosita?”, le preguntó alguien más tarde. “Na… ¡Chivatear!”

 

Lectura dominical

Antón Chéjov.

“La tristeza”

La capital está envuelta en las penumbras vespertinas. La nieve cae lentamente en gruesos copos, gira alrededor de los faroles encendidos, se extiende, en fina, blanda capa, sobre los tejados, sobre los lomos de los caballos, sobre los hombros humanos, sobre los sombreros.
El cochero Yona está todo blanco, como un aparecido. Sentado en el pescante de su trineo, encorvado el cuerpo cuanto puede estarlo un cuerpo humano, permanece inmóvil. Se diría que ni un alud de nieve que le cayese encima le sacaría de su quietud.
Su caballo está también blanco e inmóvil. Por su inmovilidad, por las líneas rígidas de su cuerpo, por la tiesura de palos de sus patas, parece, aun mirado de cerca, un caballo de dulce de los que se les compran a los chiquillos por un copec. Se halla sumido en sus reflexiones: un hombre o un caballo, arrancados del trabajo campestre y lanzados al infierno de una gran ciudad, como Yona y su caballo, están siempre entregados a tristes pensamientos. Es demasiado grande la diferencia entre la apacible vida rústica y la vida agitada, toda ruido y angustia, de las ciudades relumbrantes de luces.
Hace mucho tiempo que Yona y su caballo permanecen inmóviles. Han salido a la calle antes de almorzar; pero Yona no ha ganado nada.

Continúa en La máquina del tiempo.

Антон Чехов

“Тоска”

Вечерние сумерки. Крупный мокрый снег лениво кружится около только что зажженных фонарей и тонким мягким пластом ложится на крыши, лошадиные спины, плечи, шапки. Извозчик Иона Потапов весь бел, как привидение. Он согнулся, насколько только возможно согнуться живому телу, сидит на козлах и не шевельнется. Упади на него целый сугроб, то и тогда бы, кажется, он не нашел нужным стряхивать с себя снег… Его лошаденка тоже бела и неподвижна. Своею неподвижностью, угловатостью форм и палкообразной прямизною ног она даже вблизи похожа на копеечную пряничную лошадку. Она, по всей вероятности, погружена в мысль. Кого оторвали от плуга, от привычных серых картин и бросили сюда в этот омут, полный чудовищных огней, неугомонного треска и бегущих людей, тому нельзя не думать…

Иона и его лошаденка не двигаются с места уже давно. Выехали они со двора еще до обеда, а почина всё нет и нет.

Continúa en la Biblioteca de Alexei Komarov.

 

De contra: convincente Armengol.


25/03/2007
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