Temor al Delta del Nilo

Tras varios meses a la espera de las respuestas de Barack Obama a siete preguntas que hizo llegar a la Casa Blanca por diversas vías y perdidas ya las esperanzas de que tal respuesta llegara a producirse, toc-toc, llamó el cartero a la casa (digital) de Yoani Sánchez: «¡Carta de la Yuma!»

A pesar del carácter burocrático de las respuestas, de su pertinacia en anotar lo consabido, el gesto es loable y muy significativo, siquiera desde una perspectiva que estimo ha de marcar siempre la percepción de la situación de los disidentes en Cuba vista desde el exilio. A saber, que toda atención por parte de los gobiernos extranjeros a quienes se oponen al régimen de los Castro redunda a favor de su seguridad y multiplica en los medios el compromiso de esos gobiernos con la oposición. No se trata, claro que no, de que constituya valladar contra la represión, pero al menos es un signo de que se reconoce, en palabras de Obama, que «la palabra del gobierno no es la única que cuenta en Cuba». Tampoco significa que cada exiliado o residente en la Isla se complazca con el tono de la comunicación -recuerden, por ejemplo, los encuentros de altos cargos españoles con la oposición en La Habana-, pero en medio de tantos silencios cómplices y tantos oídos sordos, del lobo, un pelo. Y desde esa perspectiva una respuesta de Barack Obama a preguntas de una ciudadana que el Gobierno de La Habana considera una opositora y la hostiga como a tal es una buena noticia.

El mensaje llega en una semana cargada de noticias sobre Cuba: el levantamiento del plantón en casa de Vladimiro Roca, el demoledor informe de Human Rights Watch, el anuncio de maniobras militares en Cuba, la audiencia sobre viajes de norteamericanos a la Isla en la Cámara de Representantes… y hasta un pertinaz rumor acerca de la muerte de Castro I. Que los asistentes de Barack Obama eligieran precisamente este momento para responder cuestionario que tenían hace meses en la «Bandeja de Entrada» no es un gesto casual.

Soy más bien proclive a preferir que de Cuba se hable poco. Así se evita tanta cáscara mediática. Pero estos días, sin embargo, el saldo es atendible. Hasta el Comunicado del CENESEX de Mariela Castro hecho público hoy con jerga calcada de la Seguridad del Estado me parece relevante en tanto disipa las dudas que todavía anidaran en los más optimistas. CENESEX: «jamás utilizaremos ni permitiremos el descrédito, el oportunismo, la mentira, ni el doble discurso en el desempeño de nuestra labor, mucho menos si proviene de organizaciones mercenarias, que no son más que puntas de lanza de Partidos fascistoides y de políticas imperiales».

«Paso a paso», que le gusta decir al padre de Mariela y hermano del dictador, se van moviendo el país y el exilio por la pista de baile de un futuro ya escrito a medias por Providencia, Inc. Y giran sobre sí mismos, cómo no: ¿acaso no gustan los cubanos de eso que llaman «rueda de casino», donde cambian una y otra vez de pareja atrapados en una noria sin fin?

Pero también buscan, aquí o allá, escapar de esa lógica perversa que parece no tener alternativa ni en La Habana ni en el Washington de Obama. Habría que dinamitar la noria y dejar que el agua se desparrame. Pero nadie se atreve. Pareciera que todos prefieren beber del agua del Lete antes que buscar cauce incierto en el Delta del Nilo.

19/11/2009 23:35

 

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