Visibilidad de los dioses

Esa fotografía de Elena Isinbáyeva en la recepción esta tarde del Príncipe de Asturias.

Que se lo concedieran a ella, cuando lo anunciaron hace meses, me produjo una alegría enorme. El salto con pértiga es una de las pruebas más espectaculares del atletismo. Lo son todos los saltos, porque redimensionan la naturaleza humana con fuerza de mito: el hombre alado. Pero la pértiga, esa herramienta simple y flexible como un junco, dota la experiencia del vuelo de una dimensión aún ulterior, gracias al momento a la vez heroico y cinematográfico del vuelo que permite. ¿Quién se ha resistido alguna vez a impulsarse en el sofá cuando la pértiga se dobla al alcanzar su punto crítico, cuando parece que ahí acaba todo, y de pronto, como en medio del aire, el saltador recomienza el vuelo propulsado por una fuerza que parece de otro mundo?

Serguei Bubka y Elena Isinbáyeva han llevado esa mística del vuelo a su expresión mayor. En cierto sentido, son lo más parecido al superhombre que nos ha sido dable conocer.

Por eso, digo, me gustó la perturbadora incorrección de la cremallera del vestido de Elena esta tarde. Su pose torpona, el cuello invisible, la musculatura excesiva enmarcada entre encajes cosidos de prisa. Me parecieron testimonio de que los dioses han de andar siempre desnudos, lejanos y sobre todo alados. Que no deben dejarse atrapar en instantáneas.

Hay otra fotos, todas cortesía de AFP.

24/10/2009 1:16

 

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