De Lady GaGa y otros hermafroditas

Lady GaGa proclama que es una señora. «It’s too low brow for me to even discuss [mi hermafroditismo]», dijo y yo solté una carcajada esta mañana cuando lo leí. Toda ella está en ese desdén sublime.

Hace rato que a la cultura pop no le pasaba algo como Lady GaGa, la manera en que vacila el performance, ironiza sobre el milieu pop o revoluciona –sin alardes- el discurso que reúne, violenta y se aprovecha del binomio música y mercado. Muy a la manera de Warhol, Bowie y también Queen, de uno de cuyos temas tomó su nombre artístico, su nick.

A mí, vaya por delante, Lady GaGa me parece estupenda. O estupendo. Momificada Camille Paglia y momificándose Madonna, bien nos viene otra Lady, si lo fuera.

Pero ese es otro asunto. Lo que me llamó la atención de ese «I’m a lady» de Lady GaGa fue la evocación de recientes primeras planas de periódicos de Sudáfrica, cuando se discutía si Caster Semenya, ganadora de los 800 metros en Berlín, era hombre, mujer o hermafrodita.

Golden Girl, alias, GaGa.

Pensé cuánto divertiría a Michel Foucault encontrarse en periódicos tan distintos con personajes tan rotundamente disímiles ­–la italo-americana del Lower East Side y la aldeana del sur de África–, dirimiendo su hermafroditismo en las primeras planas. Cuánto le habría entretenido ver a las Herculine Barbin de hoy paseándose como sujetos bi-, pos-sexuales celebrities, andróginas velinas.

De contra:

Lady GaGa: Beautiful, Dirty, Rich.

05/09/2009

 

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