No Castro, no problem

Comencé a trabajar a las once de la mañana, como cada día. En los meses duros de verano trabajo en el salón, porque el acondicionador de aire lo enfría mejor que a mi lugar de trabajo habitual. Ello me obliga a prescindir del ordenador de mesa y utilizar el portátil. No es algo que me moleste demasiado, pero me disgusta. Lo que sí me molesta es que hace unos tres días el acondicionador de aire sumó a su ronquido de siempre un silbido intermitente que me desquicia a ratos. Limpié los filtros esta mañana antes de sentarme a trabajar. No sirvió de nada y hacia las once y media el coro me estaba poniendo las cosas muy difíciles. Más tarde, poco después del mediodía, un nuevo instrumento se sumó a la orquesta. Algo chisporroteaba. «El aire de los cojones», pensé. Lo apagué, pero nada. El chisporroteo era cada vez más intenso y olía a plástico quemado. ¡El adaptador del ordenador portátil ardía! Lo desconecté. Quedaba un par de horas de batería. Trabajé durante hora y media a toda prisa. Después, salvé los documentos importantes y me los envié por Gmail. Continuaba oliendo a quemado y el ronquido y el silbido alcanzaron su apogeo. Apagué el acondicionador de aire y abrí las puertas. Ya no olía a quemado, pero hacía un calor del carajo.

Llamé a un Beep que tengo a tiro de piedra de casa. «¿Qué cuesta un adaptador para ordenador portátil de la marca tal y el modelo mascual?», pregunté. «Le podemos hacer una réplica», me dijeron, como si habláramos de un Van Gogh. «Le saldrá sobre los sesenta euros». «¡Sesenta euros por una mierda de adaptador!», protesté. «Son réplicas muy buenas», se defendió el tipo como si de veras hablara de un Van Gogh. «¿Cuándo la tendréis?», pregunté. «Bueno, ahora en agosto, ya sabe. Calcule que sobre los diez días», me dijo el marchante. Miré en e-bay. Sobre los 12 euros más portes y los mismos diez días de espera. «¿Será que este tipo me quiere comprar un adaptador en e-bay?», me dije.

Pasé una hora de la tarde mejorando mi score en la Wii. Lo mejoré notablemente en baseball y tennis. Ya no puse más el acondicionador de aire. Sudé esos scores. Después desempolvé un viejo portátil IBM y en él trabaje el resto de la jornada.

Hace media hora llamé a un amigo a La Habana. «¡Qué tal, Yoyi?», me preguntó. «Jodido», le dije. «Un día cabrón. ¿Qué tal ustedes por allá». «Ay, viejo, si yo te contara…»

La cabrona relatividad.

Cuando suba este post volveré a e-bay a comprar el adaptador replicado. Mañana llamaré al técnico para que me mire el aire acondicionado. Definitivamente, si el «No Castro, no problem» dista de ser absoluto, al menos se aproxima bastante a la realidad.

05/08/2009 1:33

 

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