Celia Hart: trotskismo vs. transición

Celia Hart se ha convertido, por obra de esa pertinaz manía que tienen las elites de perpetuarse, en una figura exportable de la (pre)post-revolución. Como Mariela Castro, a la que llamaban «future leader» la semana pasada en The Guardian. Como Aleida Guevara; como, en tono menor, Laidi Fernández de Juan.

He escrito ya aquí sobre fenómeno tan curioso: el de esas hijas que toman el testigo de sus padres, el de esa proyección femenina y filial del ideario castrista (Carlos Lage Codorniú sería la nota masculina de este elenco de herederos en funciones). Rostros que podrán ser parte de la política cubana del futuro. Rostros que atraerían votos continuistas, de estar respaldados por un discurso político atractivo.

No parece ser el caso de Celia Hart. Desde su caída del caballo en Berlín oriental allá por los ochenta y su conversión a la doctrina trotskista, la hija de Armando Hart y Haydée Santamaría, se ha dedicado a tropicalizar a Trotsky y a fusionarlo con Ernesto Guevara. La tesis que pasea por el continente es la de que la revolución cubana es ejemplo, aunque imperfecto, de ese cóctel trotstko-guevarista. Y la cosa parece gustar a trotskistas, ciertos comunistas, chavistas… y, según afirma Hart, a segmentos de las elites cubanas que se resisten con uñas y dientes a la posibilidad de una transición que siga el modelo chino. Modelo que, naturalmente, repugna a una trotskista.

«La revolución cubana pasa por las calles de Caracas», afirmó este lunes Celia Hart de visita en Venezuela. No es la primera vez que lo dice. Ni la primera que lo hace: los continuistas cubanos apelan cada vez más, y sin ambages, a la idea de que será Venezuela quien les ayude a frenar una transición en Cuba que impulsan los reformistas. Y Celia Hart parece ufanarse de poder ofrecerles una doctrina que valide esa dependencia: la revolución permanente. Es clavo ardiendo, pero es algo a lo que asirse.

De los apoyos que concita, hay pocas expresiones públicas. El más curioso el de Soledad Cruz, quien en aparición anterior al outing-(¡qué-no-es-outing-muchacho!), defendía a la trotskista Hart, enzarzada entonces en debate con estalinista sudamericano, reclamando respeto para «nuestra libertad de pensar, cuestionar, polemizar, criticar, reconocer nuestros errores» o «los que aspiramos a ser portadores de las mejores ideas para la humanidad estamos obligados a respetar la diferencia de enfoques, la diversidad de puntos de vista, la valentía de atreverse frente a lo establecido para no ser estandartes de un pensamiento único a la inversa, que fue la propuesta estalinista que fracasó».

Celia Hart es cada vez más clara respecto a sus valedores y la imperiosa necesidad de cortar el paso a los reformistas cubanos. Así, en reciente entrevista a revista de ultraizquierda, en ocasión de viaje a la Argentina, decía: «existe un sector Cuba que ahora defiende esta perspectiva (transición inspirada en el modelo chino) con más tranquilidad y confianza. Eso sí es un peligro, no reconocerlo sería infantilismo político. Si bien en Cuba no existe un Stalin, el peligro de que pueda haber una tendencia hacia la restauración capitalista, aunque sea lenta, sí existe.» Más: «a una transición estilo China, que es mi terror, se le contrapone de manera desafiante la Venezuela cada vez más radical. ¿Quién ganará? A los revolucionarios no nos gustan las apuestas. Mientras otros piensan entre lo uno y lo otro nosotros lucharemos sin descanso para que venza la única opción que merece la escandalosamente bella y coherente revolución de Fidel Castro.»

Por muy descabellado que nos pueda parecer ese discurso trotskista, conviene atenderlo. Vale de poco en sí mismo, cierto. Pero constituye uno de los pocos espacios que nos dibujan la correlación de fuerzas actual en las elites cubanas en asuntos tan fundamentales como la puesta en marcha de reformas de corte liberal, por pequeñas que sean, y la difícil situación que enfrentarían las relaciones de Cuba con Venezuela si se produce una apertura en la isla.

De contra:

Aquí, Celia Hart en entrevista concedida el pasado fin de semana a Telesur. Siempre es un alivio verla. Hija de su padre, la escasez de su talento es directamente proporcional al atractivo de sus propuestas.

Aparece en tres cortes: -18:28 a -15:30; -12:30 a -09:30; -3:04 a -1:50. Lo mejor: echarlo a andar, poner pausa y volver cuando se haya cargado íntegro.

02/08/2009

 

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