Tres años sin Castro I; Quince desde El Maleconazo

Hoy se cumplen tres años desde que Fidel Castro se apartó del poder. Tres.

Transcurrieron los primeros seis meses desde que el después defenestrado Valenciaga leyera la Proclama y ya intuíamos que estábamos jodidos. Se cumplió el año, mal. Después se llegó al segundo aniversario en medio de más rumores de que se moría, de que entonces sí. Hubo desespero. Me recuerdo entusiasmado con un par de aquellos rumores y, cabrón después, proponiendo «operación almohada», cuando veía que nada, que tampoco.

Hoy se cumplen tres años. Tres. Y la sobrevida se ha convertido en un hábito. Tanto, que alguien me tuvo que recordar esta tarde el aniversario. Ya ni me acordaba. Ya no cuento ese tiempo. ¿Pa’ qué?

La supervivencia del régimen de La Habana más allá de Castro I es un hecho trágico, aunque no sorprendente, porque demuestra, al que lo necesitara, que hay y habrá castrismo sin él y que el «hecho biológico» tenía de «profético» lo que la promesa de los Diez Millones.

Pero, oigan, no sufran. Busquen el lado bueno. Piénsese, por ejemplo, que de haber caído el régimen inmediatamente después de apartado Fidel Castro, nos habríamos tenido que rendir a la evidencia de que un hombre solito se había adueñado de un país, lo había sojuzgado, mandado al exilio a dos millones de cubanos, y largo etcétera. ¿No habría sido rematadamente humillante?

Ahora, al menos, tenemos constancia irrefutable de que el mal es general, de que «revolución» son ellos todos.

Dudoso consuelo, ya sé. Pero del lobo, oye, del lobo, un pelo.

Perfúmenlo… Psh…

De contra:

Y, sin embargo, pronto hará 15 años, QUINCE, desde que el pueblo de La Habana saliera a pedir libertad a gritos.

En este vídeo magnífico el testimonio del divorcio eterno, cuando de Cuba se trata, entre el número y el billete.

h/t: Julio San Francisco @ Facebook

01/08/2009 1:14

 

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