El ocho cubano

Octavio Armand trabaja en un nuevo libro que, me dice, probablemente se titulará El ocho cubano.

Con su habitual generosidad, Armand me ha ofrecido el texto homónimo para los lectores de El Tono de la Voz, cortesía que le agradezco. Se trata de una deliciosa indagación acerca de nuestro único número, el ocho cubano, nombre que recibe una maniobra acrobática aérea.

De contra: Una entrevista a Octavio Armand; Armand en El Tono de la Voz, uno, dos; poemas de Armand, aquí y aquí

El ocho cubano*

Por Octavio Armand

–Desde la penúltima luna lo he estado cazando.

Así le hubiera dicho Cetanwakuwa, que es sioux para Halcón que Ataca. Yo me limité a expresar mi alegría con un escueto ¡por fin! De veras quería tropezar con Justo Saavedra, general retirado de la fuerza aérea venezolana. Al entrar a La Pavesina para mi segundo o tercer café de la mañana, lo veo en la barra apurando un marroncito. Pregunta en ristre, me abalanzo hacia él. Casi kamikazi.

–¿Cómo se diría looping the loop en español?

–Hay quienes le dicen rizo al loop. Pero todo el mundo conoce esa maniobra como looping the loop. Es una figura bonita y complicada. Como el ocho cubano, añade con visible malicia.

–¿Cómo qué?

–El ocho cubano, una combinación de loop y tonel.

–Perdone la ignorancia. Exactamente de qué se trata.

–Se ejecuta realizando 225°, o sea 5/8 de rizo interior, con lo cual el avión nos queda en trayectoria descendente de 45° y en invertido, giramos medio tonel con lo cual nos queda derecho y ejecutamos otros 3/4 de rizo interior con lo que nos vuelve a quedar otra vez bajando en invertido, pero en sentido contrario que la vez anterior, ejecutamos otro segundo medio tonel para colocarnos derecho y tiramos 45° arriba para colocarnos en trayectoria horizontal, con lo cual termina.

Unos vertiginosos trazos euclidianos acompañan la detallada explicación. El general dibuja círculos en el aire con las manos. Me recuerda las intangibles sumas que hacía Juan Sánchez Peláez. Quizá ambos aprendieron en el mismo pizarrón.

–Es así:

Al percatarse de mi reacción a chorro, el aviador me mira fijamente con un ocho cubano, desorbitando los ojos como si sorprendiera a Ochún bañándose en una lágrima.

Imaginar a esa vampirueta acostada en el cielo me seduce como el tictac de unas caderas. Es un infinito que tiene la forma exacta de mi más íntima utopía, mi autopía, porque constantemente se hace y deshace en arco iris, relámpago o nube. Como aquellos círculos de humo que un amigo de mi padre hacía al fumar para que yo intentara atraparlos en mi puño. Inapresable estar y no estar que seguramente asociaba a un hechizante juego de mi prehistoria: la recurrente aparición y desaparición del rostro querido tras una toalla, un cuaderno o un libro.

Siento, vivas, las espirales de una amonita. La dureza del tiempo desaparece; cae como la vestimenta de la diosa que se desnuda en una gota de agua o en una lágrima mía; arde y se disuelve en el antiguo haz de luz que tanto alegraba mi ventana y resaltaba uno a uno los mosaicos del piso que llevo empotrado en la memoria; el mineral respira, late, vibra sumergido en el río que chisporrotea como la punta encendida de un habano; corriente de agua y corriente eléctrica el fósil — relámpago, nube, arco iris –, puente entre mil orillas del tiempo, acelerante, alucinógeno.

Amonita, amanita,

Jauja, jaula:

suelto y atrapado entre metáforas, siento espacialmente al instante, borro la historia, recuerdo el futuro. El exilio es la patria que me contempla orgullosa.

Amanita, amonita,

jaula, Jauja:

encadenado suelto entre metonimias, siento temporalmente al espacio: la dinámica de una contracción hace cintas de Moebio con los límites, las fronteras, los horizontes cada vez más verticales; veo microscópicamente a través del telescopio y telescópicamente a través del microscopio. No veo nada, me veo más cubista que cubano en los vidrios de un calidoscopio. Soy tú, él, nosotros, miles dando vueltas como el atractor de Lorenz; eres el aleteo de una mariposa que siglo tras siglo se posa en mayo del 85 o diciembre del 39; somos el sphairikos logos de Crates en la vertiginosa espiral de Fraser y el lentísimo disco de Festo en el ocho 7, 6, 5, 4, 3, 2,1, 0 cubano.

Un trompo entrampado.

Amonitamanita. Todoynada.

Justo Saavedra me despierta ofreciéndome otro cafecito. Vuelvo al siglo, a La Pavesina.

–General, mi vida es una carambola de infinito y memoria. Una acrobacia en el tiempo que me devuelve a la infancia.

Me ha hechizado la información. No todos los números son árabes o romanos. Hay por lo menos uno nuestro. Una cifra cubensis. Quizá hasta sea guantanamera. Una solamente ¡pero vaya cifra! Un ocho acostado que se perfila en las alturas como una hamaca taína. Un sueño inagotable envuelto en las aromáticas espirales de un H. Upmann.

Caigo en el desierto de la memoria y empiezo a contar granos de arena. Al llegar a ocho, me detengo. Solo necesito la mitad para llegar muy lejos. Un empalme de película me quita más de medio siglo de encima. La maniobra criolla ha despertado un sorprendente axioma de la infancia. Soy, vuelvo a ser el Principito. Me conjugo como trompo y giro en medio de mil aventuras, todas imperfectas en el verbo pero absolutamente capaces de recuperar pecios de la Atlántida.

9 1/4 am, 1 de septiembre 2007

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* Esta maniobra de coordinación en el entrenamiento de pilotos fue una azarosa invención de Len Povey, quien tras la caída del presidente Machado trató de salvar lo que quedaba del Cuerpo de Aviación de Cuba: cuatro Corsairs y tres Hawks II. La nueva espiral del cuerpo, tras finalizar la del también norteamericano Rosenham Beam, se llama precisamente la era de Povey. Como Dédalo, como Icaro, Povey pertenece al mito y las alturas.

En 1936 enlazó la historia de la aviación nacional a la leyenda universal. Ese año, como miembro adoptivo del equipo criollo, llevó un Curtiss Hawk a la competencia del All American Show de Miami. Fue allí donde accidentalmente inventó su célebre pirueta.

Como maniobra extra, Povey iba a hacer tres barriles de alerón en el tope de un loop. Viendo que en el tope del loop tenía 225 kph, mucha velocidad para hacer los barriles, decidió continuar el loop e inmediatamente hacer un medio barril y repetir la maniobra hasta lograr un ocho aplastado. Al aterrizar, uno de los jueces, el luego famoso general James Doolittle, le preguntó si ésa era su maniobra extra.

–Sí.

–¿Y cómo se llama?

–Eso es un ocho cubano.

Además de la matemática estelar, se conoce otra aventura suya, registrada en la historia de la aviación militar de la isla. Se remonta a la época de otra revolución frustrada, la del 33. Los comunistas, entonces revolucionarios, habían anunciado una manifestación en el centro de la capital para el 4 de agosto del 34 sin permiso de las autoridades. A la aviación se le ordenó que amedrentara a los manifestantes. Fue Povey quien cumplió la orden. Armó un avión con dos bombas de demolición de 120 libras que carecían de detonadores con el propósito de producir un efecto más psicológico que explosivo entre los amotinados. Descendió sobre la Avenida del Prado desde 4,000 pies de altura y voló rectas y curvas sobre los Rojos del Habana, quienes despavoridos y casi decapitados huyeron por Das Kapital con sus banderas y pancartas. Aquello debió haberles parecido un strike pavoroso. Una insólita carga al machete. Encaramado en un moderno caballo de Troya, el avatar de un vishnú quisqueyano blandía, en forma de alas, no uno sino dos machetes. Máximo Gómez descendía de las alturas, fiero, implacable, para repetir la hazaña de Palo Seco o Las Guásimas. Mal tiempo para una manifestación, plena época de huracanes. Povey por lo visto fue uno de ellos.

UPDATE:

Entrevista de Dalia Acosta a Mariela Castro. Vale la pena leerla con atención…

Dos perlas:

1) “…buscando desarrollo no vamos a caer en mecanismos de explotación, pero sí hay mecanismos –tal vez de cooperación en el plano de la economía– que nos pueden permitir prosperar, satisfacer las necesidades crecientes de la población y fortalecer, tal vez a través del sistema fiscal, las posibilidades del Estado.”

2) “IPS: ¿Algún momento importante para llegar a ser la persona que es hoy?
MCE: Muchos. Cuando estaba en el primer año de la Universidad viví el proceso de profundización de la conciencia revolucionaria en las filas de la Unión de Jóvenes Comunistas, un proceso que no me gustó y enfrenté como pude y creí mejor.
Me molestaban mucho el extremismo, los prejuicios y detestaba la frase diversionismo ideológico porque la veía como un instrumento de los oportunistas.
También me marcó el éxodo masivo por el puerto del Mariel en 1980. Para mí fue un golpe de aprendizaje ver cómo muchas de aquellas personas que eran muy extremistas cuando la profundización revolucionaria salían corriendo para el Mariel y, aún hoy, muchos de los que habían sido sancionados están aquí, participando de la Revolución.
Y me marcó el período especial (la crisis económica iniciada a principios de la pasada década). Me hizo volver a pensar sobre cuál es el socialismo que queremos. Es muy interesante ver todo lo que se ha logrado en 50 años de Revolución en soberanía plena y en búsqueda de justicia social, pero todavía tenemos que avanzar mucho en términos muy amplios.”

De contra:

“…siempre digo Aché para Obama…”

23/06/2009

 

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