Cuba y la OEA

Me encanta toda esa babosada del regreso de Cuba a la OEA. Las de Insulza, las de Hillary Clinton, las del trío de los magníficos, el Pedófilo Ortega, Evo «El-hombre-que-pudo-haberse-llamado-Adán», y Chávez «el Epígono vulgar».

Expulsan de un club a uno de los miembros. Lo expulsan porque el club se supone que lo forman pares inter pares, aunque todo el mundo sabe que hay uno que es más igual que los demás y a ese uno el expulsado le robó unas cuantas propiedades.

Pasan los años, ¡medio siglo casi!, y el club propone readmitir al réprobo. El coro es unánime, aunque hay algún reparo: el expediente de violación de los derechos humanos del miembro a readmitir. (Saben que es argumento de peso escaso, porque al club han pertenecido países con dictaduras asesinas y pico que nadie reprobó. Nadie les pidió que abandonaran el césped bien cortado ni las cómodas butacas de ese club que responde a las siglas de OAS a los asesinos de Argentina, Paraguay, Nicaragua, etc., de manera que no es difícil relativizar el comportamiento del reinvitado.)

Bien. Han pasado los años y el club entra en crisis porque a varios miembros les gusta entrar con las botas enfangadas al parqué y estos mismos exigen que se readmita al apartado. La jugada está servida.

Pero ¿qué hace aquel? ¿Agradece el esfuerzo?

No: proclama que no quiere ser readmitido, que no le gusta el club, que lo desprecia, que el club se vaya a tomar por el culo.

¿Qué reacción provoca tal desaire en el club? ¿Se felicita de haber expulsado al bocón que lo desprecia y suspende su discurso conciliador? ¡No, señor! Lloriquea porque se sume el réprobo. Jirimiquean sus miembros: ¡queremos tanto a Glenda! Su presidente sostiene que el violador lo es tanto como tantos otros y que lo quiere en el club.

Ante tal bajada de pantalones ¿qué hace el réprobo?

Se crece y pide que el club desaparezca. Ya no es que quiera o no quiera carné: ¡no! ¡Quiere que del club no quede ni el nombre y así lo grita a los cuatro vientos!

Y los miembros, dale que te dale con que te queremos aquí, con que «dale, vuelve».

¿Recuerdan aquello de Groucho Marx de que jamás pertenecería a un club que lo admitiera como miembro?

¡Qué suerte tienen los Castro, chico! ¡Ahora mismo le pediría un número a Mariela para jugarlo esta noche en el Euromillón!

 

UPDATE:

Una de las piezas presentadas sta semana al premio La joven estampa en Casa de las Américas.

Paraguas, máquina de coser, bidet… y un Nokia de Cubacel.

Ay, el arte, esa sublime forma de comunicación…

29/05/2009


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