El tiempo de Cuba

He perdido un contrato. No es que haya perdido uno que me disponía a firmar, como puede sugerir la frase. He perdido uno firmado hace años y que necesito revisar. No aparece.

Dedico un buen rato de la tarde del domingo, ese día del que Ramón Gómez de la Serna dijo que es aquel en el que envejecemos más, a buscar y rebuscar en carpetas y cajas. (He encontrado, por cierto, anotaciones y dibujos de mi tatarabuelo por vía materna que subiré aquí en estos días, si no vuelven a extraviárseme.)

Aparecen viejas tarjetas postales, fichas tomadas en bibliotecas, papel con membrete de hoteles en los que ya no recuerdo haber dormido, documentos tan pintorescos como mi permiso de conducir cubano –“Limitación: espejuelo” (sic)-, la agenda barata que llevaba cuando salí de Cuba, mi viejo carné de asilado político y el pasaporte de la Convención de Ginebra, fotos llenas de rostros queridos de gente que ya no está aquí…

Y dos relojes, dos.

El primero, un reloj de bolsillo de Roskopf, que distribuía en La Habana la casa Cuervo y Sobrinos. Perteneció a mi bisabuelo paterno y de él lo heredó mi abuelo, quien se lo dejó a mi padre cuando marchó al exilio en Nueva York. Eso fue en 1968.

El segundo, un Seiko 5, el reloj que le tocó regalar a mi padre, el suyo que se quitó de la muñeca cuando yo salí hacia el aeropuerto el día en que llegó mi turno para irme de Cuba en 1994.

He rescatado esos dos relojes tan distintos, pero unidos por una misma circunstancia: el exilio. Los tengo ahora aquí delante, en un rincón de la mesa y mudos los dos, porque hace mucho que dejaron de contar las horas.

Me ayudarán a recordar lo que somos. Un pueblo sin certeza del tiempo, del inicio y el fin de sus tiempos, que regala relojes a diestra y siniestra con la esperanza de que alguien consiga dominar a nuestro Cronos veleidoso, ese Saturno que devora a sus propios hijos. Será por eso que regalamos cronómetros por igual a quienes se quedan o a quienes se van, devorados todos por una misma sinrazón.

Me dejaré espolear por ese tic-tac doloroso, aunque inaudible, durante esta semana que comienza.

25/05/2009


Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.