Carlos Otero y Alexis Valdés, según Nielsen

Mira que mi buzón de correo imanta el reporte de Nielsen de la noche de la batallita entre Alexis Valdés y Carlos Otero.

Supongo que me lo envían unos y otros –todos con estentóreos seudónimos- por aquello que escribí sobre el Otero Humorista molesto por su presunta condición de héroe. Que no, por cierto, por su circunstancia de estrellita-que-se-escapa, asunto que saludé y saludo siempre.

En la martiana noche del 28 de enero, recién terminaba Carlos Alberto Montaner de leer su conferencia en la Casa Bacardí, los televidentes de Miami y au delà se enfrentaban a complejo dilema que no habría Martí que resolviera: ¿el Alexis que vuelve o el Otero que vino? ¿Bueno conocido o dizque requetebuenísimo por conocer?

El Nielsen nos dice que ganó el Otero: 12.2 de rating y 16 de share contra 8.3 y 11, que sacó Alexis.

El recién llegado le ganó al establecido. Así que un ¡Viva Cuba, coño! ¿O no?

Reviso la jugada, pregunto, y me entero que Otero salió enlatadito como el atún en aceite. Que su Pellízcame, que estoy soñando vino sin publicidad y veo que arrastrando los buenos datos del inefable Haza.

En cambio, María Elvira, la pobre –adjetivo discutible en su caso, ya sé-, poco ayudó al Tu Night de Alexis Valdés, así que tuvo que despegar desde el 4.1 en que lo dejó.

Habrá que esperar, pues, a ver quién hace reír mejor a Hialeah y alrededores. Tengo para mí que no va a ser Raúl Martínez.

Lo mejor, que lo hagan por todos y para el bien de todos, que martiana fue la noche inaugural. Y que gane el mejor.

Alexis, vaya.

Esta tarde se presenta en Madrid el libro ¿Entonces, qué? de Santiago Méndez Alpízar (Chago).

Será a las 19.00, en la Fundación Hispano Cubana, c/ Orfila, Nº 8, 1º (Metro: Colón, A. Mtnez.)
Jorge Luis Arcos, Ana M. Mireles y el editor Pío Serrano acompañarán a Chago.

De contra:

En 1820, Michael Hogan, quien fuera agente consular del Gobierno de los Estados Unidos en la Habana remitía un telegrama al Departamento de Estado alertando sobre las maniobras de los agentes ingleses, pero tranquilizando a Washington sobre una situación eventual que condujera a la anexión de Cuba por alguna potencia extranjera:

…acknowledge their incapacity for self-government, should they have some supreme power elsewhere, they would prefer (if it depended on them) a connection with the United States, being in heart Republicans it is solely those who hold dear bought titles, and wear badges of distinction, that would be opposed to it, but although they are many, they would sink into insignificance on the question being agitated…

En Herminio Portell Vilá, Historia de Cuba en sus relaciones con los Estados Unidos y España, Tomo I, 1ª Ed., Jesús Montero, Editor, La Habana, 1938, p. 200


30/04/2009
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