El 22 x 17 de Fidel Castro

Han pasado meses y más meses desde el paso a retiro de Castro I, pero ahí está armado de su calculadora. Fantasma que tutela a una Cuba que creyó se lo había sacado de encima provisionalmente –¡provisionalmente!, porque volverá Fidel Castro tras su muerte a meterse en la política cubana del futuro con fuerza que hoy apenas podemos vislumbrar.

Pero ahí está ahora. Y los cubanos, consecuentes que son, dicen que Fidel mandó a parar las reformas de Raúl, como antes decían aquel «Llegó el Comandante y mandó a parar». Un dictador con freno de mano… Con freno de (her)mano.

En Taurus, la pieza de la magnífica trilogía sobre autócratas de Alexandr Sokurov que se ocupa de Vladimir Ilích Lenin, el díscolo y aterrorizado médico que lo atiende le plantea al fundador del comunismo un problema matemático: multiplicar 22 x 17. Si lo resuelve, le dice, estará curado. Pero resulta ser un problema que rebasa su capacidad mental. Lenin comprende que está acabado. Y cuando Krúpskaya le sopla que puede conseguir resolver la operación desglosándola en columnas, entra en cólera, le arranca los espejuelos, la habría atacado con más saña de haber podido superar su estado de semipostración.

Taurus –ayer vi por fin la versión extendida, en dos partes, que incluye toda la entrevista con Stalin que nos habían hurtado en la versión que se comercializó inicialmente aquí en España– me parece una película imprescindible para imaginar al Fidel Castro de los últimos meses y los próximos. Salvando las distancias, naturalmente, pero anotando las coincidencias. Un megalómano incurable se convierte en incurable enfermo y espera la muerte, mientras son otros los que se adueñan del país.

Las diferencias, insisto, son enormes. Raúl Castro no es a Fidel Castro lo que Iosif Stalin a Vladimir Ilích Lenin, naturalmente. Pero la decadencia del dictador, y Sokurov es implacable con ese Lenin postrero, como lo fue con Hitler en Moloch, es siempre una y la misma.

Quien no haya visto esa película tremenda, corra a buscarla. (En Netflix veo que está Moloch, pero no Taurus.) Desde esa primera escena con un Lenin que pugna por que no le arrebaten el periódico que quiere leer y el guardia que le da manotazos para arrancárselo, se asiste a un retrato de la decadencia del déspota absolutamente impagable.

Por lo pronto, sin embargo, parece evidente que Castro I todavía se las arregla bien para multiplicar 22 x 17.

De contra:

Este mediodía detecté que hay un troll con mucho tiempo libre y entregado por entero no a la causa del socialismo, pero sí a la de joderle el diálogo a quienes suelen venir aquí a intercambiar ideas conmigo pero más entre sí mismos.

Por regla general, los trolls se van solitos en cuanto no reciben la atención que piden a voces. Luchar contra ellos requiere gozar del mismo tiempo que ellos e ir borrando uno a uno sus comentarios, un privilegio que me está vedado, porque tengo mucho trabajo que hacer. Y nada hay más tenaz que un tipo que quiere joder a los demás y dispone de tiempo para hacerlo.

En cualquier caso, les anoto que la plataforma sobre la que está instalada El Tono… permite evitar que alguien usurpe los nicks que utilizan aquí. Para ello, basta con registrarse en el extremo superior de la página y acceder cada vez que se quiera comentar por medio de una contraseña privada. Con ello se consigue eliminar eso de «(usuario no autenticado)» que aparece junto a los nicks y así se sabe cuando quien usa un nick lo hace impropiamente.

Ojo: yo mismo no suelo hacerlo, pero lo anoto para que sepan que existe esa opción.

Pueden ver la diferencia en los comentarios Nº 64 y Nº 66 al post de ayer, donde el primero es mío y el segundo es del afanoso y a todas luces desempleado troll usando mi nombre.

27/04/2009


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