Esperando a Castro II

Así esperan a Castro II en Santiago de Cuba. La foto es de ayer, víspera del discurso que leerá hoy.

La jarra y el pomo en busca de la pipa de láger. Polluelos estirándose para alcanzar el maná.

Sabio ese pueblo de la ciudad que se dice rebelde, hospitalaria y «heroica siempre».

Saben que más vale perga en mano que «cambios» volando. Porque hay cosas que no cambian jamás.

Fotografía: Javier Galeano para AP.

 

Al teléfono:

–Oye, Obama ha ganado las elecciones en Europa. Berlín y París rendidos ante el mulato.

–Pero aquí no se postula, ¿no?

–Esto es mundialización, chico. Elecciones 2.0: te postulas allí, pero sonríes aquí y allá.

–…

–El SuperSarko lo quiso tanto como a Je-suis-une-enfant Bruni. Te presento mis condolencias…

–Mejor que mejor: si lo vitorean en la Europa que detesta a los Estados Unidos hay razón de más para no votarlo en Estados Unidos. Y todo el mundo se dará cuenta.

–¿Tú crees?

–A eso se le llama «Síndrome de Woody Allen».

 

El intercambio entre Cuba y Cataluña del que me ocupaba hace unos días aquí a propósito del libro de Tate Cabré, acaba de encontrar sorprendente expresión en Lérida. Leo boquiabierto en El Periódico de Catalunya de esta mañana:

La policía de Lleida localiza tres restaurantes en pisos particulares

Las viviendas donde se sirve comida casera emulan a los ‘paladares’ cubanos

MARÍA JESÚS IBÁÑEZ
LLEIDA

Son pequeños restaurantes abiertos en casas particulares, que funcionan sin la licencia municipal de actividades y sin los preceptivos permisos sanitarios y de higiene. La fórmula, inventada en Cuba durante los duros años del bloqueo norteamericano y conocida como paladares, parece haber llegado ahora a Catalunya, en forma de negocio clandestino con el que algunos tratan de sortear la crisis económica. De momento, la Unidad de Policía Judicial (UPJ) de la Guàrdia Urbana de Lleida ha detectado la existencia de tres posibles paladares en la ciudad, que aún están siendo objeto de investigación.

Pasando por alto la mención a los «duros años del bloqueo» –¿qué se puede esperar de una redactora de periódico socialdemócrata?–, la pregunta que me hago es qué hace la palabra «Cuba» metida ahí. ¿De veras las experiencias turísticas de una redactora son background pertinente para una noticia sobre higiene pública?

El maldito ý lúdico atractivo de ese pobre país avala, ya lo he escrito aquí, que se le cambie el nombre en cuanto se deshaga de los Castro. Si Benin fue Dahomey o Sri Lanka fue Ceilán, qué nos impide que lo que se llama hoy «Cuba» sea mañana, pongamos por caso, K. o Cecilia o Ex o Pan.

 

De contra:

«Problemas de la nueva Cuba», de Rafael Rojas hoy en El País: la demoledora contundencia de la estadística.

26/07/2008


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