Fuga del Gulag

Esta semana llega a las librerías Petia camino al Reino de los Cielos, de Mijaíl Kuráyev, publicada por Acantilado y en mi traducción.

Ya he tenido ocasión de hablar aquí de la prosa magnífica de Kuráyev a propósito de Ronda nocturna, publicada hace unos meses. Algunos lectores de este blog recordarán también la foto que me envió de las huellas de un oso con el que estuvo a punto de cruzarse hace unos meses cuando buscaba locaciones para la película basada precisamente en el Petia…

Kuráyev (Leningrado, 1939), inasequible en español hasta la aparición de estos libros, quien se ganaba la vida como guionista de Lenfilm durante los años soviéticos, se ha convertido en uno de los escritores más profundos y exquisitos de la literatura rusa contemporánea. Su habilidad para revisar momentos distintos de la historia de la Unión Soviética –los primeros años de revolución, la brutal represión de los años treinta, el bloqueo nazi a Leningrado o el universo concentracionario– desde perspectivas rotundamente insólitas constituyen una prodigiosa aventura literaria.

Petia camino al Reino de los Cielos es una novela sobre el GULAG. Petia es «el bobo del pueblo» en un remoto rincón de Siberia. Vive entre militares y presos. Adora, y emula, a los primeros. Los segundos le producen una reverente curiosidad. En marzo de 1953, todavía conmocionada la URSS por la muerte de Stalin, se fugan dos presos. Petia saldrá en su busca armado con la pistola de juguete que siempre lleva al cinto.

Por cortesía de Acantilado, inserto un breve fragmento de Petia….

Petia camino al Reino de los cielos (Barcelona: Acantilado, 2008) en Casa del libro, en La Central, en Laie.

Petia camino al Reino de los Cielos (fragmento)

Por Mijaíl Kuráyev

(…) Una palabra corría ya de boca en boca, en los más diversos tonos y entonaciones, con miedo o júbilo, con aire de viva expectación o de horror. Esa palabra era «fuga».

Hay cosas que son inasequibles a la razón. Cosas que están más allá de nuestra capacidad de comprensión. Para algunos es Dios; para otros, la carencia de fe. A Petia, y no sólo a él, por cierto, le era inasequible la noción de fuga. Una fuga, la acción de escaparse, constituye uno de esos intrincados problemas ante los que hasta los investigadores más serios no consiguen mantener una adecuada dosis de objetividad que los libre de caer en los extremos, tal como sucede con los profanos. En ruso, se les llama «fugas» a los brotes tiernos de las plantas, que son una afirmación de la vida… Una fuga es una suerte de segundo nacimiento, aunque mejor.

Cuando nacemos la primera vez, apenas nos damos cuenta de lo que nos sucede. Ya somos capaces de percibir las sensaciones, pero carecemos de memoria y, por lo tanto, no podemos comprender cabalmente qué nos está pasando. Ese primer nacimiento nos viene dado como una suerte de obligación y nuestra participación en él es mínima. Una fuga es otra cosa, y si no has activado de antemano dentro de ti el mecanismo, el muelle que te hará saltar el día exacto y a la hora precisa para cruzar la línea prohibida y seguir después más allá, lejos del punto de control, si no hay en ti la voluntad necesaria para hacerlo, como no la había en el mocoso que cruzó la cerca en segundo lugar, es mejor que te quedes tranquilo escuchando como tu vida transcurre entre diana y diana.

La fuga no es la vida: es el elixir de la vida.

Basta que salgas un instante del cerco de alambre de espino, que lo rebases durante un minuto o diez, para que comprendas con todo tu ser, y no sólo con tu mente o tus ojos, que todo lo que habías visto antes, cuando te conducían por aquellas mismas calles, entre aquellas mismas casas, no era más que una ilusión, una enorme falsedad. Y aún cuando te hayas fugado en plena noche, se iluminará todo en derredor y el mundo se abrirá ante ti, se abrirán las cortinas de la ciega indiferencia, que ya lleva años separándote de todo lo que hay del otro lado. En un instante, en ese bendito primer instante de libertad, toda la inconmensurable extensión de tierra que apenas un minuto antes no contaba para ti, se convierte en tuya, existe contigo y para ti. Aunque fuera por ese sólo instante, tal vez ya vale la pena arriesgarse. En esa hora, a lo largo de esos sagrados minutos en los que no tienes en quien confiar, ni cabe esperar ayuda de nadie, verás acrecentarse tu presencia de espíritu y tu valor, a medida que aumenten los peligros.

El enfermizo ímpetu generado por la idea de la fuga, que no lo abandona a uno ni por un instante, ni siquiera durante el sueño, va sumiendo el alma en la más completa desesperación, hasta el punto de que no te preguntarás si la fuga tiene probabilidad de éxito o no, si fugarse es razonable, si te alcanzarán las fuerzas, el descaro y la suerte necesarias. Los sonidos venidos del otro lado, en el que aún no estás, ensordecerán tu cerebro, acallarán todas las dudas y ya solo tendrás pensamientos para los cálculos que hablan a favor de la fuga.

Lo digo claramente: la fuga es una enfermedad, una patología del alma. Es una suerte de vida que crece dentro de uno y que no quiere someterse a la lenta muerte que se le ha prescrito. Exige lo que le corresponde y no hay más forma de erradicar esa enfermedad que fugándose. (…)

Os aseguro que jamás habréis experimentado sensaciones tan fuertes como las que conoce el que accede de nuevo a la libertad. No podéis siquiera sospecharlas. Y por mucho que uno haya pensado en la libertad, por mucha que sea la pasión que haya puesto en esos pensamientos, ése primer instante le mostrará cuán vago y nebuloso era el retrato que de ella se hacía antes de alcanzar la meta. En efecto, una cosa es estarse tirado en la litera de la celda y soñar con una novia, mientras uno se restriega contra una almohada fina como un pañuelo, y otra muy diferente es estrechar entre los brazos a una joven de carne y huesos dispuesta a someterse a todos tus deseos.

El cautiverio es doloroso y trágico. La libertad tampoco es que sea un camino de rosas. Ahora, la fuga… la fuga es un arte. Y como todo arte requiere que se tenga una confianza ciega en uno mismo.

Por otra parte, si admitimos que el arte no es una mera representación, sino más bien una recreación de la vida, entonces hemos de admitir que la fuga es, sin lugar a dudas, una obra de arte, porque convierte el cautiverio en libertad, y transforma al autor y ejecutor de la obra, a la vez que también a todo el mundo que lo rodea.

¿Habéis reparado alguna vez en que los zeks llaman «horizonte» a la línea de pintura que divide en dos los colores de las paredes de la celda, «cielo» al techo de esta y «solecito» a la bombilla que los alumbra? He ahí un argumento que demuestra inobjetablemente que el verdadero cielo y el verdadero horizonte en cierta manera no les pertenecen, porque es como si se encontraran en un mundo que les es ajeno. De la misma manera que el verdadero sol alumbra sólo a los que viven en libertad, a unos pocos elegidos que gozan de ella –por algo en la zona lo llaman «luz de la cárcel»–. Para esa columna que marcha en perfecto orden, todo, absolutamente todo, tiene una apariencia bien alejada de la realidad. Baste un ejemplo: cuando un preso ve algo al pasar, algo totalmente insignificante, y lo ve una y otra vez, como, digamos, los carámbanos de hielo que cuelgan del alambre de espino, cada una de esas veces le parece que está ante un hallazgo.

¿Qué le puede uno desear a quien se da a la fuga? ¡Pues, más flexibilidad y una percepción más aguzada para enfrentar los imprevistos y lo inesperado! Una fórmula, por cierto, que vale también para quienes viven en cautiverio, aunque es cierto que el preso que la obedezca acabará convirtiéndose en un gusano.

Pero si todavía no han conseguido que usted se idiotice completamente y aún le quedan fuerzas y deseo para atiborrarse de vida: entonces, ¡fúguese! Y para ello no es imprescindible serrar los barrotes con una improvisada lima, pegarle un empujón a un guardia y hacerlo rodar por una cuneta o estarse siempre rondando la cerca de alambre de espino a la espera de alguna fuerte tormenta de nieve, que ayude a cruzarla inadvertidamente. La libertad es la libertad y si Pushkin soñó con la fuga hacia el final de su breve vida y Lev Tolstoi, anciano y achacoso ya, optó por fugarse, entonces, no hay dudas de que la libertad vale lo suyo.

Y si anoto aquí todas estas reflexiones es porque debéis conocerlas, si algún día se da el caso de que tengáis que disparar sobre un hombre que se fuga. Si así fuera, pensad antes de apretar el gatillo que ese hombre no tiene a donde huir, porque cualquier vida, por mucho que te afanes, por mucho que te espabiles, termina siendo una forma de confinamiento.

Fragmento de Petia camino al Reino de los cielos, Barcelona, Acantilado, 2008. Traducción de Jorge Ferrer.

 

UPDATE:

De la Galería I-MEIl de Lázaro Saavedra.

Ha comenzado la venta de teléfonos celulares en moneda nacional para todo el que quiera adquirirlos. Con la aspiración de satisfacer las exigentes demandas estéticas de nuestros clientes hemos continuado introduciendo nuevos modelos para superar la cifra inicial de tres que ofertábamos en un inicio. Los modelos ya existentes y los nuevos son:

Nokia de última generación con cámara de alta resolución

Nokia, un poco mas antiguo, pero con cámara fotográfica y vibrador.

Ericsson con varios juegos

Nokia con acceso a Internet

Nokia con memoria adicional y timbre con música de los 70

26/05/2008 23:44


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