Izquierdas del poscastrismo

El discurso que pronunció Fernando Martínez Heredia en la velada por el 90 Aniversario de la revolución bolchevique celebrado hace un par de semanas en la Universidad de La Habana significó un interesante trasvase hacia el interior de una práctica concebida hasta ahora hacia el exterior. Un gesto de alcance mucho mayor que el que uno se sentiría tentado a concederle a fiesta con aquel Ilích Lenin aupado a pedestal.

El evento, a primera vista mero espectáculo con aire restauracionista y démodé, fue cubierto por la prensa cubana con el acostumbrado entusiasmo. Habituados a trabajar desde una lógica basada en la mera adición, no se le dio a aquella noche el valor de hito que en realidad tuvo. La trataron, pues, con el mismo patrón que a «marcha de las antorchas» o festival universitario con guitarras y estribillos de ilusión.

Pero la carga simbólica y la dimensión estratégica de ese acto van mucho más allá. En la Cuba de hoy, casi todo es anuncio de la Cuba del mañana. Porque, de hecho, no hay una Cuba de hoy. No la hay en país que es espera, anuncio, despedida y parto. Aunque sea por cesárea.

No son nuevos, por cierto, los empeños de recuperación de la experiencia soviética por las elites de La Habana. La Cátedra Antonio Gramsci del Centro Juan Marinello inició hace meses los trabajos del foro «Revolución bolchevique, historia de la URSS y Cuba. Análisis crítico socialista desde el siglo XXI». Las premisas del proyecto, que funciona, con trotskista guiño, a manera de «taller permanente», reproducen los elementos principales de la retórica del castrismo tardío. A saber, el reclamo a favor de una presunta originalidad de la revolución cubana, que, en tanto autóctona, estaría a salvo de la implosión socialista en la Europa del Este, a la vez que serviría de plasmación en la práctica de un socialismo adhocista y autorreferencial. El mismo que Cuba ofrece como modelo del llamado Socialismo del siglo XXI.

Hay, sin embargo, elementos que proyectan el Taller del Juan Marinello, coordinado por Julio César Guanche, a una dimensión que se encarama a los debates acerca de la posibilidad de una Transición en Cuba. A la ineludible presencia de los tales.

Así, en la sección «Estructura y visión del proyecto», el documento fundacional inserta dos puntos relevantes:

« 4- El Taller busca, desde sus posibilidades específicas, contribuir a identificar, construir y desarrollar armas intelectuales de resistencia para la sociedad cubana en su lucha contra el capitalismo y por un socialismo revolucionario.

»5- El empeño del Taller se suma a lo que la Revolución viene haciendo en materia de instituir eficazmente la actitud crítica, pruebas recientes de lo cual son la creación del espacio “Palabras a los intelectuales”, en la Biblioteca Nacional José Martí y el taller “El Quinquenio gris: revisitando un término”, convocado por el Centro Teórico-Cultural Criterios, entre otros ejemplos.»

Ninguna revisitación, o restauración, es inocente. Y ninguna que se plantee en un escenario como el que vive Cuba puede dejar de ser urgente. Así, no es difícil adivinar que la «lucha contra el capitalismo» en la que se empeñan unos talleres en los que participan varias decenas de intelectuales cubanos no es la que se dirime en remotas ínsulas globalizadas, y ni siquiera la que marca el contencioso con Estados Unidos, sino la que se vive ya en Cuba –entre cubanos- y tenderá a recrudecerse cuando determinados segmentos de las elites aborden sin cortapisas la realidad de una Transición siquiera económica, lo hagan a partir de la iniciativa propia o empujados por movimientos sociales –una de cuyas formas crecientes es la apatía más absoluta hacia la revolución.

Fue esa misma Cátedra Antonio Gramsci, en colaboración con la FEU –la primera puso el ideario; la segunda, el público-, la responsable del tráeme-aquí a-ese-lenin. Y ella, la que trajo también a Fernando Martínez como ponente estelar. Un Fernando Martínez, devenido «instructor» del socialismo de marras, reciclado guevarismo y emblema del intelectual «de izquierdas» de la Cuba que vendrá. Un tipo ideal para tales afanes, porque su pasado disidente –en el ámbito intelectual, Pensamiento crítico fue disidencia tan o más palmaria que muchas que blasonan de tales- y las alianzas que ha sabido forjar con las ultraizquierdas latinoamericana y europea lo habilitan para oficiar de intelectual orgánico del mañana.

Ese mañana que ya es hoy.

Y en ese espacio sin tiempo, ante muchachada cubana, Fernando Martínez ensayó las mismas artes que se practican en tierras por conquistar. Misionero del socialismo del siglo XXI, vino a predicar a la tierra que se supone depositaria de la fe, en franco reconocimiento de que quienes se presuponía eran fieles seguidores de la doctrina también requieren ser convertidos:

« Este encuentro» me hace recordar las dos semanas que pasé hace un mes en la Escuela de Formación Política “Florestán Fernández”, del Movimiento de Trabajadores Sin Tierra de Brasil. Todas las mañanas hacíamos con los alumnos –que vienen de toda América Latina– una actividad breve pero muy emotiva y profunda, de recordación a eventos de las luchas y a personas que todo lo entregaron en ellas… todos los días cantábamos –en portugués, español, guaraní, quichua, creole de Hatí– la misma canción: La Internacional… En esta víspera de la Revolución de Octubre…, quisiera pedirles que al culminar la vigilia de la Plaza, a medianoche, cantemos todos dos canciones. La de letra tan humilde, la inspiración del jornalero negro que supo ir a pelear al Moncada, el Himno del 26 de Julio, que acompañó a los sacrificios y los heroísmos de los cuales salió la revolución socialista cubana. Y la canción del ferroviario convertido en comunero, La Internacional, que es el himno de la revolución mundial»

Y así se hizo.

La prédica del socialismo cubano como símbolo anticapitalista se transforma, ante los sujetos «revolucionarios» abocados a la recuperación capitalista –una recuperación a medias; reinserción, más bien– en un discurso político nuevo y alimentado desde un doble exterior: discurso protosoviético que alimente la resistencia en el plano interior y discurso del nuevo ecumenismo retardatario en Latinoamérica.

En cierta manera, la experiencia acumulada en años de propaganda hacia el exterior se convierte ahora en catecismo para forjar una izquierda anticapitalista en la Cuba del poscastrismo.

Devolver el país a la normalidad, decir adiós a medio siglo de dictadura, conlleva también esa paradoja, que lo es apenas, si atendemos a la espontánea pluralidad de cualquier espacio democrático. En el cubano, cómo no, cabrán también jóvenes con camisetas del «CH€» y nostálgicos evocadores del pasado soviético, la « pax castrista» o la libreta de abastecimientos. Que sectores de la intelectualidad comiencen a articular esos discursos del mañana es síntoma del fin de un mundo. Y ejemplo de alineamiento para hacer política en el futuro.

 

Fragmento del discurso de Fernando Luis Rojas, presidente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), en el mencionado acto. La prédica, como se verá, cunde.

«…¿por qué el interés de la Federación Estudiantil Universitaria en compartir la convocatoria realizada por la Cátedra Gramsci y el Taller de la Revolución Bolchevique? ¿Por qué sumarnos a una convocatoria que califica a este acontecimiento como “Revolución Silenciada”?

»En la propia definición de nuestro posicionamiento la respuesta. Compartimos el deseo de construir un proyecto anticapitalista y socialista perfectible. A la claridad de no esperar nada del capitalismo debe sumarse, la certeza de que ningún proyecto se construye sin programa, sin agenda. El enfrentamiento a las corrientes liberales – tan a la moda – no debe realizarse teniendo un antiprograma como arma mejor, actuando solo a partir de la deconstrucción de lo que nos propone el Imperialismo. Se trata de lograr una simbiosis que comprenda el desmontaje del Capitalismo, enfatizando en la falsedad de algunos presupuestos que presenta como verdades hechas; y la definición de líneas esenciales básicas en la construcción de alternativas, necesarias en su generalización para su triunfo.»

 

De contra:

Hoy Granma contra El País, por lo de Pascual Serrano, «mercenario al servicio de la Oficina de Intereses de Cuba en Madrid».

Pero ¡sorpresa! ¡Esa primera plana corresponde a otro diario! A saber, El País ¡de Uruguay!

Mercenario, avísales, anda.

30/11/2007 2:18


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