¡No a la censura en el país!

El despliegue de La Jiribilla en relación con las pataletas de El País y Rebelión, que ya los movilizaba el sábado, alcanza cotas de franca desvergüenza, pero también da razón para carcajada.

«No a la censura en El País» escriben sobre esas bocas y ojos tapados, y mano sujeta por esposas.

¿Llegará así a la edición en papel?

Sería magnífico que la gente se paseara ante los quioscos una mañana, y como que los transeúntes habaneros no saben muy bien qué diario español es ése, lean rotundo «No a la censura en el país», es decir, pensarán, en Cuba.

¡No a la censura en el país!

Supondrán que se trata del periódico nuevo que anuncia creciente runrún y se activará sinapsis que les descubra que recuerdan una palabra en ruso: ¡Glasnost! Y hasta otra: ¡Perestroika!

«¡La glasnó! ¡Llegó la glasnó, caballeros!», vocearán los vendedores.

Ya en serio: ¿cómo pueden perpetrar tal cintillo y tamaño despliegue gente que vive censurada a diario, gente que censura ella misma? ¿Tan imbéciles son que no distinguen entre la censura que padecen/ejercen y un diferendo sobre el copyright? (Diferendo estúpido, por cierto. ¿Que Pascual Serrano, «mercenario a sueldo de la Oficina de Intereses de Cuba en Madrid», quiere citar in extenso a Vargas Llosa o a Corín Tellado? ¡Que lo haga!)

 

«A storm in a teacup», dicen. A Gillian Gibbons, maestra en Jartum, la van a azotar por llamarle Muhammad a un oso de peluche.

Ofensa al entrañable peluche: Mahoma era un ladrón de camellos que fundó la religión más estúpida de cuantas imaginar quepa, y mira que es apretada la justa.

Si el freak de Timothy Treadwell levantara la cabeza que le descueró el grizzly, le cantaría las cuarenta a esos cultores de la sharía.

 

Denis Simachev y sus modelitos nostálgicos del pasado soviético llegaron al New York Times. El tipo es abrumadoramente kitsch, pero no se le puede acusar de nada más.

Cuando Gorbachov dio el pistoletazo de salida a la democratización de Rusia, Simachev era un tierno pionerito de once años. Nada vio de la tiranía y la represión, así que la simbología de los años grises le parece buen motivo para lucrarse ahora vendiendo camisas con el escudo de la URSS estampado en la espalda, botones que remedan kópeks y medallas en la pechera.

Habrá diseñadores cubanos que se embarcarán en aventuras parecidas en el futuro. Propondrán estéticas «escuela al campo», harán desfiles con modelos barbudos vistiendo ropas con los colores del Movimiento 26 de julio, vestirán a despampanantes tops con las recatadas faldas de los uniformes de las becarias, convertirán a Elpidio Valdés y a Maria Silvia en emblemas del erotismo cubano…

Y aparecerán también en el New York Times, en cuyas sábanas cabe cualquier cosa.

 

UPDATE:

Buen artículo editorial de Roger Cohen sobre Venezuela en el International Herald Tribune.

Trae un dato curioso sobre ese país irremisiblemente perdido. El informe Doing Business 2008 del Banco Mundial, recién aparecido, colocó a Venezuela en el puesto 172 del ranking de países, según la facilidad para hacer negocios en ellos. Claro anuncio de la miseria generalizada que espera a los venezolanos.

28/11/2007 21:07


Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.