Réditos de la “Revolución”

Llegará el día en que se acabe la revolución en el poder. Un día en el que tras meses, semanas o, incluso, unos pocos días de tránsito, la palabra «revolución» deje de ser el mantra que nombra lo que padece Cuba. Esa fábrica de sueños y pesadillas, con perdón de Adolph Zukor.

Llegará el día en que la «Revolución» pasará a convertirse en mero objeto de estudio. Será apenas un «hecho» histórico, uno que manejarán politólogos e historiadores del mañana con la misma aséptica distancia con la que abordan las revoluciones francesa, rusa o mejicana, por ejemplo.

La «Revolución» será historia y discurso. Motivo de reconstrucción documental. Objeto museable.

Entre las cosas que quedarán –además de una memoria cargada de dolor, de amplias zonas de rencor- estará un medio siglo de papel y celuloide.

Intenté imaginarlo así el pasado domingo. Imaginarlo como ruina o vestigio. Darle categoría de ánfora y paladear el aceite. Dediqué una larga hora de la tarde a ver una colección de documentales de Santiago Álvarez, He Who Hits First, Hits Twice. The Urgent Cinema of Santiago Alvarez. Es regalo de mi estimada Ariana Hernández-Reguant, felizmente nada chamuscada, aunque sí un tanto ahumada, por los fuegos que asolaron San Diego.

Veo que en Amazon anda por los 250 dólares la copia, de manera que ya ha ido adquiriendo precio de trocito de mosaico de Rávena.

Panfletos visuales armados con pericia técnica que adquiere a ratos categoría magistral, los documentales de Santiago Álvarez son cualquier cosa menos prescindibles. Como a nadie se le ocurriría prescindir de los documentales de Vertov, el cine de Eisenstein, la prosa de Ehrenburg, el diseño de Tatlin o la poesía de Mayakovski.

Cuando haga mañana su catálogo de maravillas, una cultura de envergadura tan modesta como la cubana debería cuidarse de justipreciar todas las zonas del arte de la «Revolución». Desasirse de maniqueísmos alimentados hoy por el encono que genera la «Revolución» actuante para felicitarse por las escasas perlas que su propio élan, entroncado con su tiempo, alentó.

Habría que desearle que descanse en paz a esa «Revolución», por mucho que se le desee arder en el fuego eterno a su animador en jefe. Y felicitarse por lo que su radical impronta deja a la cultura cubana con la misma notarial impasibilidad con la que se tomará acta de sus crímenes. Contar sus réditos y anotarlos en la columna de los haberes.

30/10/2007


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