Madeleine y Pinochet

Hay mucho dinero envuelto en el caso de Madeleine McCann. No tanto como el que Castro I dice guardaban las bóvedas del World Trade Center, pero sí el suficiente como para que el asunto huela tanto como el cadáver dizque guardado en el maletero de un coche alquilado.

El pecunia non olet pudo valer mientras la sospecha excluía a las víctimas. Pero ese dinero apesta desde que se lo va a utilizar para pagar a Kingsley Napley, una firma de abogados que se especializa en casos «particularmente complicados». Ya habíamos visto desfilar por el caso a personajes pícaros o sórdidos, pero la candorosa imagen de la desaparecida y el embeleso que produce admirar a ese matrimonio perfecto apuntalaban el caso con cierto halo de pureza. Ayudaba la lista de valedores ricos y hermosos. En algún momento pensé que se trataba de uno de esos espectáculos televisivos -como aquel reality show con enfermos renales-, que esconden una estrategia publicitaria de largo alcance.

Ahora todo ha cambiado. No se trata de la sangre, sobre la que nadie se pone de acuerdo, ni del olor a cadáver que parece desprende el osito que arrastra la erotizante Kate. Contratar los servicios de Kingsley Napley ha mezclado a los McCann con Augusto Pinochet, a quien esa firma representó cuando aquel célebre proceso de extradición.

Y da igual que sepamos que el oficio de abogado presupone el trato con todo tipo de sujetos. La sola sucesión en una misma línea de periódico de los nombres de Madeleine McCann y Augusto Pinochet marca ese espectáculo con la cifra del mal y lo ata a unos dineros que hieden.

A la difunta rubita inglesa la han sentado en el uniformado regazo de un general. Ya nada la podrá bajar de ahí.

UPDATE:

Más sobre Madeleine McCann en El Tono de la Voz.

29/09/2007 21:10


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