Oposición cubana: divorcio y oportunidad

Un acertijo: País con más de once millones de habitantes y dos más en el exilio, regido durante casi medio siglo por un gobierno unipersonal. ¿Podría darse la circunstancia de que siquiera uno de esos 13 millones de personas se manifestara como opositor al gobierno de marras, sin responder a más interés que al dictado de su conciencia?

A tal sencillo desafío estadístico el régimen de La Habana responde, de palabra y hecho, con un contundente “no”.

Así, todo aquel que disienta del régimen de marras lo hace instigado por una potencia extranjera. No hay bienintencionado cubano disidente, ni enfermera señorita.

Una pirueta lógica que permite invisibilizar a la disidencia interna, excluir al exilio de la discusión en torno al futuro –¡y el presente!- del país. Un salvoconducto para ignorar, excluir, arrestar y encarcelar.

Pero que tal estrategia exista, y que vaya acompañada de sutiles y no tan sutiles mecanismos de represión, no es excusa que nos valga a los cubanos para disimular la incapacidad para la política que hemos mostrado en las últimas décadas.

Las vías para dislocar esa estrategia de invisibilización pasan por convertir la disidencia en un fenómeno masivo y por la unidad de la oposición en torno a discursos políticos que rebasen la mera coyuntura y consigan atraerse segmentos significativos de la población. Transformar el descontento en movimiento cívico.

No era menor la represión en la Polonia de los ’80, ni lo es en la Birmania de estos últimos días. Y si bien es cierto que bonzos no tenemos por allá, obreros mal pagados en Cuba sí que sobran.

Que ayer se hayan manifestado apenas seis personas en La Habana frente al Ministerio de Justicia, que parece podrían haber llegado a la veintena, es testimonio de unas cuantas cosas de las que sólo una me gusta, a saber, constatar el coraje de ese puñado de valientes.

Pero es también testimonio del radical divorcio de la oposición y los cubanos. De la incapacidad de los opositores para movilizar, y movilizarse.

Pésima constatación, cuando la espita abierta por el gobierno de Raúl Castro está favoreciendo mayores cotas de atrevimiento a la hora de vocear los agravios. Una oportunidad que, por difícil que sea, deben aprovechar los opositores.

Por lo pronto, los ministerios de Transporte y del Interior habrán enviado otro informe a la mesa del Interino: los autobuses Yutong también sirven para proteger a los disidentes cubanos de la «ira del pueblo».

 

-Oye, jordi, ¿viste la cubanita que entró anoche en Gran Hermano?

-No. ¿Qué tal?

-Tá rebuena.

-Habrá que verla…

-Chico, ¿tú te has fijado la suerte que tenemos los cubanos para pasar los castings de los programas esos de los encierros?

-No, cuéntame…

-No sé bien, pero mira: que yo recuerde, en Gran Hermano ya van tres, otros dos en el de la isla desierta, otro más en el reality aquel de construir casas…

-Curioso, sí. Será que a los españoles les gusta ver cubanos y cubanas en la pantalla…

-Yo tengo otra teoría.

-…

-Lo que les gusta es vernos encerrados, socio. Lo mismo que a Moratinos, tú…

-Será que somos buenos en eso de estar encerrados. El hábito, ¿no?

-Debe ser… Oye, tá rebuena la rubia, asere.

-Mándame una foto a eltonodelavoz@gmail.com, anda…

 

Enrique del Risco y Anke Birkenmaier presentan hoy en Lectorum la Leve historia de Cuba de la que ya daba avance aquí en ocasión de la aparición del libro. Será el último evento público de la librería, porque cierra mañana. Razón de más para acudir allá esta tarde.

Hay otra: quienes se identifiquen esta tarde ante Enrisco como lectores de El Tono de la Voz no recibirán descuento alguno en la compra del libro, pero sí un vale canjeable por un Caramel Latte Macchiato en la Starbucks de 23 y 12, cuya apertura está prevista para el 10 de octubre de 2010.

28/09/2007 14:06


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