Escalofriantes realidades

Una tal Clara Torres, de Albacete, hacía turismo en Marruecos y tomó una foto de unos campesinos que avanzaban por la cuneta de una carretera. Le llamó la atención que una niña rubia, que la tal Clara quiere «de aspecto anglosajón», viajara colgada de la espalda de una campesina de esas latitudes.

Regresada a España, veía la televisión y, de pronto, le dijo a la Cope, «se me encendió la lucecita». Corrió a revisar la foto y detectó que el parecido entre Maddie McCann y la «anglosajona» viajera era «escalofriante».

Y en esas andamos, entre parecidos que han dejado de ser «razonables» para devenir «escalofriantes».

No habrá que esperar mucho tiempo para que el gobierno exija instalar desfibriladores en cada quiosco de periódicos.

 

Mientras despiden a Cristina Peri Rossi, uruguaya, del programa en Catalunya Ràdio con el que había colaborado durante dos años, Diego Arcos, argentino, se presenta en una comisaría para rogar se lo procese por injurias al rey de España.

A Peri Rossi le aplican las nuevas disposiciones de la Corporación Catalana de Radio y Televisión, que buscan erradicar la ya escasa y testimonial presencia del español en una televisión y una radio carísimas y pagadas por todos los que tenemos domicilio fiscal en Cataluña. Da igual qué idioma elijamos para comunicarnos, da igual cuál sea nuestro origen o el número de dígitos que contenga la suma que pagamos a la Hacienda pública. La proscripción de la lengua española avanza imparable en esta comarca del mundo. Peri Rossi, quien ha vivido décadas en Barcelona, denuncia la persecución lingüística de la que es víctima y recuerda que hace años se le otorgó el premio Ciudad de Barcelona en la categoría de poesía por un libro titulado Babel bárbara. Bárbara, ¡ya lo creo!

También avanza Diego Arcos, presidente de un cierto Casal Argentí a Barcelona. La ruta que ha elegido es otra: el delirante sometimiento a la doctrina nacionalista más cerril. Arcos se gana afectos gritando improperios contra el «imperialismo español» y asegurándole a la jauría de falsos redentores del nacionalismo que los inmigrantes somos tan agradecidos que hacemos causa común con la doctrina independentista. Hace años, encargado de un proyecto que buscaba generar una plataforma de consenso entre asociaciones de inmigrantes en Cataluña, me veía en la ridícula y entorpecedora circunstancia de tener que comunicarme en catalán con el argentino Arcos. Una situación divertida y extenuante, como casi todos los afanes que nos obligan a tratar con freaks.

La simultaneidad de estas dos noticias en los diarios de la mañana -la denuncia del atropello contra Peri Rossi, y la payasada de turno de Arcos, delirante converso al catalanismo- debería convocar la repulsa de las organizaciones de inmigrantes latinoamericanos en Cataluña. Cabría que denunciaran el atropello padecido por la escritora y se desmarcaran del enfermizo discurso entreguista que propugna el argentino.

Pero todos sabemos que nadie alzará la voz para defender a la escritora agraviada. Ni la Asociación de Uruguayos en Cataluña ni FEDELATINA dirán palabra. Las asociaciones de inmigrantes dependen de las subvenciones de una Generalitat que ha dejado la gestión de esos fondos en manos de Esquerra Republicana de Catalunya.

Todos calladitos, pues. Y Diego Arcos frotándose las manitos en espera de más dinero.

Un panorama, éste sí, de veras escalofriante.

 

UPDATE:

La resistencia a la vulgaridad, de Jorge Ferrer, en el blog Penúltimos días.

26/09/2007


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