El nuevo gobierno cubano

A diferencia de lo ocurrido con aquel «Llamamiento al IV Congreso» que llamaba explícitamente a multiplicar reuniones y «elevar» propuestas, el actual «debate» carece de un documento fundacional que siente pautas, marque cauces y comprometa resultados.

Las razones de esa carencia pueden ser muchas, en abanico cuyas varillas primera y última son la renuencia de la cúpula dirigente a poner por escrito algo que a muchos parecerá insuficiente y a otros, muchos menos, excesivo.

Abrir la espita de la consulta popular ya le dio buenos resultados al castrismo cuando aquellas reuniones de 1990 y 1991. Entonces, la cerrazón del sistema era tan absoluta que no era difícil encontrar medidas aperturistas que dieran el diálogo por aprovechado. Así, a resultas de aquel proceso de «consultas», se levantó la veda al ejercicio de la religión, algo que contentó a las clases populares y le hizo ganar al castrismo primeras planas en periódicos de medio mundo.

¿Qué podrían ofrecer ahora? Es decir: ¿qué estarían dispuestos a ofrecer?

A falta de ese pronunciamiento escrito, la secuencia que ha seguido este nuevo llamamiento hasta la primera alusión al mismo en Granma es sintomática de los temores de las elites políticas cubanas –que encargan informes y más informes- y el secretismo con que manejan un proceso donde el partido comunista no funciona como casa de apuestas (políticas), sino como casa de encuestas.

Los corresponsales extranjeros en La Habana han entrevistado a algunos participantes en las reuniones. Sus respuestas son las del que acaba de apartarse de una ventanilla de quejas y sugerencias.

Este fin de semana, con ambos hermanos Castro ante los micrófonos, hubo ocasión de aclarar los términos. No la desaprovecharon.

Así, por primera vez desde el inicio de las reuniones en los primeros días de septiembre, ya tenemos noticias desde la cumbre.

El gobierno del Interino compila informes y levanta actas. Se comporta como si fuera un nuevo gobierno, uno traído de fuera para gobernar un pueblo que desconoce. Encarga mayúscula encuesta a PCC-Gallup. La muestra, la más amplia que cabe imaginar.

Del margen de error nadie habla.

La secuencia:

1) El discurso de Raúl Castro el 26 de julio de 2007:

«Es justo y necesario reconocer lo logrado en los últimos años, en estas provincias y en todo el país, pero con clara conciencia de nuestros problemas, de las deficiencias, errores y actitudes burocráticas o indolentes…»

2) El discurso de José Ramón Machado Ventura el 5 de septiembre de 2007:

«…ningún dirigente, trabajador, estudiante, ama de casa o jubilado debe pensar que basta con comprender los conceptos generales expresados en el discurso (de Raúl Castro), aunque sean capaces de repetirlos de memoria.

»Lo verdaderamente esencial es que cada uno de nosotros analice qué le corresponde hacer en su puesto concreto, en ese pedacito de la sociedad en que actúa, sea pequeño o grande, para transformar en acciones prácticas lo expresado por el compañero Raúl.

»Lograremos ese objetivo en la medida que cada compañero razone profundamente y exponga con sinceridad sus criterios, que el colectivo analice con espíritu crítico y creador cada problema…»

3) Reaparición televisiva de Fidel Castro el 21 de septiembre.

¿Debate? ¡Qué me traigan a la Thatcher y a Tony Blair!

4) Raúl Castro en el aeropuerto de Varadero el domingo 23:

«Se les ha dicho a todos que pueden hablar de todo lo que quieran hablar, no sólo del discurso, con valentía, con sinceridad…»

«La discusión es verdadera democracia sobre todo para retroalimentarnos, oír nosotros directamente la opinión de la población…»

«Nos va a ayudar mucho, pero hay que hablar con sinceridad, realismo, en el lugar adecuado, el momento oportuno y de la forma correcta, como decimos en las Fuerzas Armadas.»

Según Prensa Latina aludió también al calendario: «septiembre y parte de octubre».

 

De contra:

«…El papel de cualquier dirigente, del nivel que sea es el de prever. Hay que adelantarse a los acontecimientos. Hay que coger a los acontecimientos por el “narigón” y llevarlos hacia donde nosotros queramos. No dejar que los acontecimientos sean los que nos lleven…»

Raúl Castro, 1994

 

UPDATE:

Extraña performance en Columbia. Invitan a Ahmaddineyad y lo insultan de lo lindo. Como si llamarle dictador, descarado y no sé qué más pudiera minimizar la vergüenza de que ese imbécil tenga tribuna en una universidad.

Él la aprovechó, claro, para decir sus verdades. “En Irán no tenemos homosexuales, como tienen ustedes en este país”, dijo. Y parte del público estalló en carcajadas.

Aquello de la risa como arma contra los tiranos, que ha sido y es excusa de los cobardes. Porque lo que cabía era pegarle un tiro. Antes, no invitarlo. O, ya invitado, no acudir a escucharle. Que se encontrara la sala vacía.

Inserto ese momento de la intervención del persa y las escenas de unas ejecuciones en junio pasado transmitidas por la televisión iraní. Los cargos: homosexualidad y adulterio. No explicaron si tales delitos coincidían o había reos de uno y otro “crimen”.

 

UPDATE:

Fotos de Columbia ayer que me envía la lectora Cristina, quien ha dejado un comentario de muy recomendable lectura.

25/09/2007


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