La alegría del mal

El United States Holocaust Memorial Museum de Washington D. C. expone las fotografías del álbum de Karl Höcker, quien fuera segundo al mando del campo de Auschwitz-Birkenau en 1944.

Estas fotos donadas al museo el año pasado abren, para decirlo en términos judiciales, una nueva línea de investigación sobre la barbarie y quienes la perpetraron.

Ya se nos había hablado de la banalidad del mal. Ahora toca preguntarse sobre la jovial alegría de quienes lo practican.

Recomiendo pasearse por toda la galería. De todas las fotos, creo que prefiero la que sigue. Un nutrido grupo de nazis se solaza escuchando música de acordeón. En el corro, el propio Höcker, el Dr. Josef Mengele, Josef Kramer y Rudolf Höss, ambos comandantes del campo en sucesivos períodos y Otto Moll, supervisor de las cámaras de gas.

 

«En Birkenau ocurrió una vez un incidente extraño. Un médico SS llegó para efectuar una selección. Anotó para la cámara de gas a todo aquel considerado como “musulmán”. Cuando el médico SS regresó a su automóvil para abandonar la plaza de la selección, su automóvil no arrancó. Los sabihondos del campo, es decir, los capos y los jefes de barraca, intentaron repararlo sin éxito. El oficial hervía de cólera. Tenía prisa y no podía viajar.

»Entonces se presentó un “musulmán” que había sido incluido poco antes en la lista de los destinados a la cámara de gas elaborada por el prpio médico SS y solicitó permiso para acercarse al automóvil. Comenzó a manipular el motor y después de unos minutos logró ponerlo en marcha para humillación y envidia de los que le rodeaban.

»Entonces, el médico SS echó una ojeada a la lista de candidatos a la cámara de gas, encontró el número de este “musulmán” y tachó su nombre de la lista de condenados a muerte.

»Al hacerlo, el médico SS no actuó desde una perspectiva humanitaria, sino simplemente por razones utilitarias. Todavía era posible utilizar al “musulmán” para determinadas tareas y el campo podía beneficiarse de sus conocimientos técnicos. Más tarde, cuando el médico SS había abandonado el lugar en su automóvil reparado, se reveló que este “musulmán” nunca antes se había ocupado de automóviles y ni siquiera sabía conducirlos.»

Tomado de Iosef Weinberg, Una lágrima y una plegaria, Ed. Aurora, Tel Aviv, 1982. Traducción del hebreo de Néstor Kalinsky.

22/09/2007 11:10


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