Precio a pagar

Una pandilla de zarrapastrosos afganos secuestra a una piara de misioneros evangélicos llegados de Corea del Sur. Clash of Civilizations del gordo.

Como era de esperar ante reunión así de dispareja en terreno tan desapacible, no hubo ni asomo de cónclave. Nada de «Dios es Uno», así que hablemos. Nada de nos recitamos versículos y suras, comparamos gastos de tránsito al paraíso, y tan amigos en la fe.

Menos de sonrisas, los unos alardeando de sus huríes, o de palmaditas en la espalda, los otros explicando con fervor la doctrina de la predestinación según Calvino.

No, no. La cosa fue bien distinta. La religión es el opio del pueblo, pero hay parcelas del mundo donde el opio del pueblo es el opio.

Antes de subirse al avión, los beatíficos coreanos habían dejado fotico de aeropuerto. Una de ésas que se suelen tomar los estudiantes en viaje de fin de curso o los amigos de dictaduras en tránsito hacia sus bienamados destinos. En cierto sentido, la foto de estos coreanos satisface ambos supuestos. Allí aparecen bien juntos y mostrando los dientes -corderitos camino del matadero. Más: aparecen desafiantes, apretando los puñitos como apretarán después dientes y esfínteres. Uno imagina el murmullo armado con griticos asiáticos, esos inefables sonidos que pueblan las películas de Kim Ki Duk. El gobierno de su país les ha desaconsejado viajar a Afganistán. Pero ellos aprietan sus puñitos, porque son hombres libres y osados. Activistas de la Iglesia Presbiteriana de Saemmul, «agua de primavera». Cargan con su Zwinglio, su Calvino y su tolerancia. Debe bastarles.

No les bastó, ya se sabe. Al Reverendo Bae Hyung-kyu, a quien todos llamaban Mr. Smile, lo mandaron a asistir desde el cielo a la Segunda Venida.

Finalmente, los misioneros han servido a misión más urgente que la que llevaban. Ésa que se cuece en cancillerías y cuarteles generales, y tiene balcones en Youtube y Al-Jazeera.

El gobierno de Corea del Sur envió a negociadores. Medió la Cruz Roja, la misma que inspeccionaba los campos de exterminio y ponderaba el orden en ellos vigente. Y hubo acuerdo: nos llevamos de vuelta a los del «agua de primavera» y también a los soldados que representan a Occidente, se dijo en inglés con acento panmunjong. Todos fuera en una fácil retirada, porque, dice ministro de Seúl, las tropas apenas llevaron unos pocos enseres.

¿Por dónde pasa la línea que separa la responsabilidad individual de un ciudadano de la responsabilidad global de un estado? ¿Qué negligente paternalismo lleva a un gobierno a abandonar sus compromisos con la civilización occidental en aras de salvar las vidas de unos pocos cargabiblias, que viajaron hacia la muerte advertidos de su destino probable?

Periodistas en busca de una scoop, caritativos figurines de oenegés, beatíficos misioneros. Una y otra vez se los ve con la cimitarra al cuello implorando claudicaciones.

Después, abonados los óbolos, se los ve volver con coránes y yihabs. Llegan a aeropuertos, donde tal vez en ese mismo instante otros se apresten a emprender el mismo viaje y sonrían al flash, apretado el puño.

A estos coreanos, se ha dicho esta mañana que se les cobrará lo que costó liberarlos. ¿Sabrán calcular los contables de Seúl el saldo total que implica la retirada de Occidente ante el avance de la barbarie?

 

De contra: No es que haya resucitado Guayasamín, no. Es patchwork con el rostro del emperador. Los retales: fotos pornográficas. Es obra de Jonathan Yeo.

30/08/2007 13:34


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