Perro y profeta

Lars Vilks, un tipo muy peculiar al que algunos llaman el Theo Van Gogh sueco, ha despertado las iras de los musulmanes. El guión es conocido. Representación irreverente del profeta del Islam y clamor de los ofendidos. De nada vale que se les explique que en las sociedades libres y laicas, los ciudadanos podemos mofarnos de iconos, ídolos e idolillos cuanto nos plazca. El fanatismo carece de sentido del humor.

También del sentido de la medida. Así, el gobierno de Irán convocó hoy a una diplomática sueca para exigirle que el Gobierno de Suecia condene la aparición de la viñeta de Vilks en el diario Nerikes Allehanda.

Alentados por el genuflexo comportamiento de los europeos cuando el Jyllands Posten publicó aquella docena de caricaturas en diciembre de 2005, los guardianes de la fe confían en obtener cumplida satisfacción. Lo tienen algo más difícil, porque Jacques Chirac, «El Gran Apaciguador», ya ha pasado a mejor vida (política).

A Theo Van Gogh lo degollaron en Ámsterdam por aquella magnífica Sumisión que hizo junto a Ayaan Hirsi Ali. En realidad, lo mataron por gozar de la libertad y ejercerla.

Lars Vilks haría bien en esconderse en lo más profundo de Ladonia, país imaginario en cuya invención trabaja desde hace años. Él sabe bien del odio que despiertan los perros entre los fanáticos seguidores de Alah y su profeta. De hecho, enlaza a estas hadices desde su web.

Y sabrá también que mayor aún es el odio que profesan por los infieles o kafir (كافر), o sea, cualquiera de nosotros.

Por lo pronto, constato que la Ladonia de Vilks carece de ciudadanos de origen cubano, así que presentaré hoy mismo mi solicitud. Al menos, en un país imaginario tendríamos la posibilidad de escapar del vigente gusto por el apaciguamiento.

UPDATE:

No es mala ocasión, ninguna lo es, de recordar la mencionada Sumisión (2004).

UPDATE:

Rosa Regàs acaba de desmentir al ministro de cultura que promovió su cese de ayer. El ministro le dijo que no había hecho nada en tres años como directora de la Biblioteca Nacional de España. Y la Regàs decidió que tenía que marcharse.

La del ministro César Antonio Molina es una afirmación que uno debe cuidarse de hacer. Demasiado rotunda para calificar tres años enteros. No es de sorprender que la aludida lo desmienta con pareja contundencia.

He aquí el balance que hizo de esos tres años de cargo en entrevista concedida hoy a EFE:

“Regàs se lleva buenos recuerdos de estos tres años, entre los que destaca el momento en el que tuvo estructurado su equipo directivo, el concierto de hip-hop que acogió la Biblioteca o la colocación del busto de Antonio Machado, el único que hay en Madrid de él. “Pero, sobre todo, el éxito de que a la copa navideña de mi primer año acudieron 200 personas y en el último año pasábamos de 700”, concluyó.”

Tal es su balance. Uno se pregunta si no hay algún mecanismo jurídico que permita, leídas esas declaraciones, obligarla a devolver los cuantiosos emolumentos que cobró durante los mencionados años.

Al menos, que se gane la vida voceando su odio cerril a la derecha política y su rendido amor a los dictadores llamados de izquierda. También por eso se pagan cuantiosos sueldos.

28/08/2007 15:20


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