Aldana, Bernhard, La revolución de los fusiles

Y se nos fue el weekend sin anuncio de velatorio. Fidel Castro parece que se está trabajando estancia larga en las ergástulas del llamado «encarnizamiento terapéutico», una moda posmoderna.

Ese Palacio de la Revolución devenido máquina de mil tubos. Panteón que encierra quirófano, habitación amueblada con plywood y mármol, y a anciano con un hobby. Mientras trabajaba ayer domingo, tres veces dejé sonar el documental sobre la visita de Dizzy Gillespie a La Habana, cortesía de la sin par A.

Una joya. Seguramente volveré sobre él. Carlos Aldana, curioso figurante de esa pieza. ¡Y con ínfulas! Además, un Castro I con habano en la boca y modos kaiserescos, cesáreos. Y esa ingenuidad del buen Gillespie que busca huellas de Chano Pozo en los pliegues del atrezzo construido clavo a clavo por el Departamento de Orientación Revolucionaria.

Tan estimulante y placentero el sábado, y que se den «por aludidos» las aludidas, y tan stajanovesco el domingo, que me llevé a la sobrevela, gozo y penitencia, ya comenzado este lunes, a quien hay que releer a diario, deber que suelo incumplir.

Y ahí, fíjense si vale la pena atenerse a la norma, me encuentro que el Grafenhof de Thomas Bernhard es Palacio de la Revolución que me lleva al sueño con la geométrica certeza del paralelo.

Mas no me entretengo ni los entretengo en lunes que trae colaboración suculenta a este Tono de la Voz. Busque cada uno su ejemplar de El frío ( Die Kälte. Eine Isolation) de Bernhard. En español, lo tiene Anagrama. Encierro, muerte anunciada, anuncio propio y ajeno, espera y esperanza y desespero…

Uno se levanta ya en lunes -ducha fría y café con leche. Y pone lavadita oreja que aguante lo que se diga.

Y Hugo Chávez, el Epígono Vulgar, resulta que nos vino ayer con estas:

“Por internet están corriendo rumores de que murió Fidel o de que lo tienen entubado esperando sólo el momento. Fidel está produciendo, lo sé, escribiendo. Hablé con él el día de su cumpleaños, le mandé un retrato de Bolívar como regalo”.

Pero no digo nada de Chávez, que hoy hay huésped que se ocupa de él con razones sobradas: Leonardo Rodríguez, poeta venezolano recién llegado a Madrid. Una cortesía con los lectores de El Tono de la Voz que le agradezco.

Entretanto, la televisión cubana continúa preparando a sus fieles seguidores para lo ineludible. Stay tuned…

La revolución de los fusiles

Leonardo Rodríguez

En una entrevista de 1977, en una España que salía de la larga sombra militar de Francisco Franco, el poeta y ensayista mexicano Octavio Paz habló: y dijo algo memorable. La política, sentenció el autor de Pasado en claro, no es el arte de cambiar al hombre sino de convivir. La convivencia pasa por la aceptación cuando no la celebración de las diferencias y de la crítica, por la tolerancia, la escucha y el auto-examen. Hay que añadir a la iluminadora idea de Paz un poco de sombra: el arte de convivir no se da sin transformaciones. Pero esas transformaciones comienzan desde el individuo y su conciencia. La convivencia es también una forma de utopía, no un camino de santidad sino, tal vez, de dignidad y libertad.

Los aportes del gobierno de Hugo Chávez a la convivencia venezolana no han sido muy dignos. Un aire mezquino, cargado de odios y maniqueísmos (¿maoqueísmos?) ideológicos, de chapucería y resentimiento, ronda el país desde que comenzó su presidencia. Difícilmente se encontrará un político latinoamericano contemporáneo tan intolerante, tan escasamente dotado para la escucha, tan mezquino con las diferencias de pensamiento y de visiones, incluso las que vienen de sus propios aliados, como quedó demostrado en el caso de las polémicas con Podemos y el PPT, aliados de izquierda, partidos que lo han apoyado poco menos que servilmente. El arte de Chávez no es el de la convivencia sino el de la política como escenario de guerra, en su versión más intolerante. Un escenario costoso, una política teatral, donde la retórica más trabajada es el insulto. Ni en eso ha sido fecundo.

El barniz izquierdista de Chávez (si lo rasguñas un poco sale aparece un patán de derechas) tampoco lo lleva a plantearse en serio una romántica o realista transformación profunda del país. La Venezuela actual, con una nueva elite política y económica ligada a la burocracia (como antes) y a los militares (clase emblema del régimen chavista), tiene en lo político los mismos valores utilitarios de siempre, exacerbados en tiempos de bonanza petrolera, y los mismos problemas, fundamentalmente originados por la desesperación económica y el autismo del poder.

Ambición económica y miseria juegan un ajedrez maníaco, infantil. Por más que intente hacerle contrapeso al utilitarismo con las más fosilizadas creencias, convicciones, supersticiones y dogmas, Chávez no hace sino hacerle juego a ese estado de cosas nacional. Venezuela es ahora el país de los funcionarios hummeristas, que no son humoristas, aunque den risa, ni homéricos, porque en el olimpo político hay un solo dios. En el Estado populista –que no lo inventó él, hay que decirlo-el Estado es más importante que la gente. En la República Bolivariana, Chávez es el Estado. Este ha sido el gran cambio: la hipertrofia del poder.

Una revolución de ideas fósiles y fusiles. Cosas como esta contribuyen a desgastar el concepto ya insignificante, banal, de revolución. De ese concepto Chávez aspira legitimidad política y a menudo la obtiene, y por eso lo ha convertido en una especie de merchandise totalitario. La triste historia es que hay gente, aparentemente no necesitada de cuentos de hadas, dispuesta a abrazar un régimen, por desalmado que sea, con tal que se declare de izquierdas. Algunos, en lugar de una barbie o una four-wheel drive, prefieren una revolution. La izquierda fósil ama los fusiles.

Ni convivencia crítica ni transformaciones heroicas, ni tolerancia buscada ni amores sociales obligatorios, el régimen ha encumbrado el odio como virtud política. No mucho que ver ya con el circunstancial resentimiento social, hijo de las desigualdades y de la incapacidad de una sociedad para resolverlas, sino el odio político, el odio desde el poder, el odio como propaganda y manipulación. El odio como fe.

Noche política, tiempos de sombras para la convivencia venezolana. No sólo desde las instituciones del Estado sino desde el crimen y el narcotráfico. Venezuela conjuga hipertrofia del poder y desgobierno. El país es ancho y rico, pero las zonas de convivencia son escasas, las perspectivas humanas en general son pobres. Si no es la inseguridad, es el Estado. Hay listas sistematizadas para prohibir la entrada de gente sospechosa de estar en contra del régimen en las instituciones del Estado, por modesto que sea el cargo. Hay calles-unas más que otras, pero todas en alguna proporción-donde todo venezolano está en la lista. El país se está yendo por la letrina.

Cuando el encarcelamiento por corrupción de Carlos Andrés Pérez, después de un juicio llevado a cabo por el fiscal Escovar Salom, Ibsen Martínez escribió: “Está bien, el peor de los venezolanos está en la cárcel. Pero ¿quién le dicta auto de detención al inconsciente colectivo?” Es cierto que el famoso inconsciente colectivo ha seguido su vía corrupta, hasta llegar a proporciones que asustarían al mismísimo Jung. Pero la descomunal corrupción y la obvia incapacidad no son lo más sombrío y desalentador en estos momentos venezolanos. Podríamos decir, parafraseando al agudo Ibsen: Está bien, el elegido de los venezolanos está en el poder, pero ¿quién defiende la convivencia cuando se la somete al capricho de un payaso autoritario, con perdón de los payasos?

Un hombre gobierna Venezuela frente al espejo. Su sombra se llama esterilidad.

Leonardo Rodríguez (Cumaná, Venezuela, 1977). Poeta, ensayista y traductor. Trabajos suyos han aparecido en revistas de Venezuela, Colombia y España.

UPDATE:

Además de dar esa «noticia» del Castro I que mejora, ayer por el programa de Hugo Chávez se pasó Maradona, exfutbolista.

Lo recibieron con video de espeluznante gusto y Roberto Carlos, el cantante, no el futbolista, entonando aquello de “Tú eres mi hermano del alma…”

Abajo, el video de marras y algunas perlas de Maradona sobre Chávez y «Fidel». Es compilación que supongo pueda utilizarse en alguna campaña de prevención de drogas.

“Estoy descansando en Venezuela, donde veo feliz que cada vez la gente venezolana se convence más de lo que es usted, que cada vez sabe más lo que son los yankees; lástima que en mi país todavía sigan creyendo en ellos. Yo creo en Chávez, yo soy chavista”.

“Yo también crecí con muchas mentiras de parte de los imperialistas y odio todo lo que venga de EE UU, lo odio con todas mis fuerzas”.

“Todo lo que hagan Fidel y Chávez será para mí lo máximo en este mundo que quiere gobernar el asesino de Bush, el diablo, como le dijo el maestro”.

De contra: Hoy, dos tazas. En tumiamiblog: 350 sobre Lars Von Trier, una colaboración para blog magnífico, a cuya invitación he correspondido gustoso.

20/08/2007 21:59

 

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