Liberate Paris libérée

1944: Paris ! Paris outragée ! Paris brisée ! Paris martyrisée ! mais Paris libérée !

2007: Liberate Paris!

Pocos paralelos evidencian con mayor claridad la decadencia de Occidente que la suerte corrida por ese topónimo y su asociación con la libertad.

 

UPDATE:

Al teléfono:

–Oye, jorgillo, nos hemos quedado sin saber lo que crees tú del tal Lesnik.

–No quise enmarcar el magnífico texto de Ariana (Hernández-Reguant) con mis palabros gruesos…

–Ah, yo pensaba que era cosa de tus amores por el judaísmo…

–…eso también… Fíjate que Lesnik es parte de la galería de apóstatas judíos. Es el Shabbatai Zevi del castrismo. Igual que el sultán nombró al Mesías de Esmirna “Guardián de las Puertas”, Lesnik es cancerbero del castrismo en tierra infiel.

–Te dejo, socio, que ya con lo de Paris Hilton y De Gaulle juntos tuve bastante…

–Adiós.

–…

 

De contra:

Magnífico, Ignacio Camacho, en ABC.

Soldados, no boy scouts

IGNACIO CAMACHO

ESTE Gobierno es muy libre de hacer pacifismo de salón, retórica buenista, flower power, alianza de civilizaciones, ansia infinita de pazzzzzzz y demás mantras de la ética indolora. Pero que no se lo crea cuando toma decisiones que afectan a las Fuerzas Armadas, porque en ellas hay gente que se juega la vida, y a veces la pierde, en una ruleta donde las apuestas ajenas se pagan con sangre propia.

Una cosa es engañarse a uno mismo, o intentarlo, y otra engañar a los demás. Cuando para reclutar soldados se ponen en la tele anuncios en los que no sale ni un fusil, todo sonrisas y ejercicios de boy scouts en la tirolina, se está tratando de engatusar al personal con una falacia que oculta y trivializa la verdadera condición de la milicia, sus riesgos, sus deberes y su compromiso de combate. Como estrategia publicitaria puede valer, pero como estrategia política es deshonesta. Y lo malo es que esa barata filosofía de abrazafarolas se aplica luego a la política real, obviando la responsabilidad de las decisiones bajo la cobertura fantástica del «pensamiento Alicia». Y se manda gente a guerras de verdad, donde se mata y se muere, bajo un discurso de buen rollito solidario, sonrisas contra las bombas y al paso alegre de la paz. Como si fueran misioneros combonianos, con el clavel en la punta del fusil y cajas de tiritas en vez de munición. Legionarios sin fronteras.

El resultado es que de vez en cuando vuelven en una caja cubierta con la bandera unos muchachos casi adolescentes reventados por unos cabrones muy aviesos a los que la alianza de civilizaciones les resbala por salva sea la parte, y entonces el discurso de las misiones de paz cruje por todas las costuras porque ha faltado coraje para explicar y aceptar que estaban en una guerra que el Gobierno no quiere admitir porque le estropea el discurso. Una misión digna, solidaria y constructiva, pero en una guerra a la que vamos como monjas de la madre Teresa, a pecho descubierto y con el talante como chaleco antibalas. Ahora hay que poner medallas sobre los féretros, que son muy merecidas pero que los chicos habrían cambiado sin duda por algún inhibidor de frecuencias en su carro blindado. Lo que pasa es que eso cuesta dinero, muchos euros, y sobre todo cuesta el coraje político de pedir pasta en el Congreso para pertrechar a unas Fuerzas Armadas a las que se pretende aliviar conceptualmente de su propia, intrínseca y honorable condición de organización militar para transformarlas en una especie de socorro de afligidos, como la Cruz Roja.

No es pintar como querer, dice la copla. Y no se puede gobernar sin un ejercicio de responsabilidad que empieza por aceptar las realidades sin disfrazarlas. Y entender que los terroristas son terroristas, no pacifistas; que los enemigos son enemigos, no hermanos separados; que las bombas son bombas, no accidentes; que los soldados son soldados, no enfermeros, y que la paz no es una flor que se riega con brindis de sonriente voluntarismo demagógico.

26/06/2007 14:38


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